Crónica del viaje · Guatemala

Trabajo y gazpacho

DÍA 842
Un día de trabajo en el que disfruté de un delicioso desayuno, paseé por la Avenida de las Américas, cociné gazpacho y chipirones, y escribí crónicas hasta la noche.
Sol y nubesEl tiempo

Trabajo y gazpacho

Un día de trabajo en el que disfruté de un delicioso desayuno, paseé por la Avenida de las Américas, cociné gazpacho y chipirones, y escribí crónicas hasta la noche.

Con el cansancio acumulado y las crónicas, que no se escribían solas, me mentalicé para tener un día direccionado a ese aspecto: trabajo y más trabajo de escritorio.

Desayuno por todo lo alto. Cada día disfruto más que el anterior. Mientras Palmira y Fernando se lo tomaban con calma, yo zampaba sin cesar, gozando de cada tostada con queso o del huevo frito, cosas tan normales que a mí me faltan tanto en el día a día. Con el desayuno en mi barriga ya tuve fuerzas para empezar a realizar tareas.

Con las fotos de Semuc Champey, gritándome desde la computadora con ganas de seleccionarlas, empecé a eliminar y a recordar esos preciosos momentos. Una foto menos, esta ha salido desenfocada, esta movida y fíjate esta otra que bonita. Muchas horas para los casi 30 Gb de fotos y videos que sacamos en un solo día y no era para menos.

Antes de comer, Fernando y yo salimos a dar un paseo por la Avenida de las Américas, donde la clase media se reúne, en el carril cortado al tránsito los domingos para mostrar sus pertenencias, paseando a sus perros, uniformados ciclistas a la moda de la boutique, patinadores sobre los artilugios de moda, familias trajeadas o "sportivas", chiringuitos con venta de todo tipo. Una especie de happening social, con sus hijos montando una bicicleta o aprendiendo a conducir en un espacio organizado por los policías municipales, con su vistoso colorido verde refulgente. Haciendo cola, los niños se montaban en un coche de juguete eléctrico que debían conducir entre los conos, aprendiendo educación vial gratis. También pasamos por el supermercado para comprar verduras y alimentos que necesitaba la nevera.

Con la vuelta a casa, a la vista de todos esos alimentos, se me ocurrió preparar gazpacho, como todos saben, mi comida favorita en el mundo entero. Mientras cocinaba esa delicia, la felicidad me embriagó volviendo a oler ese aroma tan especial y familiar que desde Bogotá no había podido preparar. Podría decir que me salió especialmente bien; pero esta opinión se la dejo para Fernando y Palmira… De segundo plato, tampoco podía olvidar la exquisitez que hacía dos años y medio no comía: chipirones en su tinta acompañados de arroz. Toda una delicia.

Después de la comida terminé de crear las tarjetas de visita y las postales para imprimirlas al día siguiente, marcándome como objetivo para el resto del día escribir las crónicas.

Fueron muchas de ellas las que salieron escritas a través del ordenador de Palmira, pasando horas y horas con inspiración, a veces buena y a veces limitada, poco a poco fueron saliendo de una en una.

Como pausa, la cena, preparada por Palmira, de chuletas Sajonia con pimientos y ensalada, me ayudó para seguir trabajando hasta altas horas de la noche, poniéndome al día con todos estos escritos que me perseguían desde que dejé la casa de misioneros de Mixco, una semana atrás.