Retorno a Antigua
Descansé más de lo debido por un error en mi teléfono al no sonar la alarma. Me desperté, preparé la bici con prisa para desayunar algo con el padre Luis, me despedí con un fuerte abrazo de mi recién y buen amigo José Dore y salí con la bicicleta hacia la casa de Palmira y Fernando, el suegro de Elena (algunos lectores acérrimos la recordarán por los contactos de Beri, Antalya, Turquía y de Anthony de Sidney. Es mi amiga de la Redonda y la conozco desde que tengo uso de razón). Fernando me llevaba siguiendo por Facebook durante mucho tiempo y aunque poco antes no se encontraba en Guatemala, por las fiestas de Navidad, ahora ya me dijo de visitarlo. Palmira aún continuaba fuera de Guatemala. Llegué hacia las nueve, descargué los bultos, llevé la bicicleta al garaje y subimos a casa.
Ni un descanso, salimos en menos de media hora. Al llegar a su casa, Fernando me tenía preparado un viaje en coche hasta Antigua en "catalá", con unas amigas suyas compañeras de su mujer venidas de Barcelona. Con ellas, y por sorpresa, dejando la bici en casa de Fernando, volví a la ciudad de Antigua, una ciudad a la que siempre deseé regresar y en la que pasé unos malos momentos entre vómitos y otros muy bonitos entre calles adoquinadas.
Salimos de Guatemala entre intenso tráfico, a causa de un accidente. Una hora más tarde llegamos con un sol radiante y empezamos a dar vueltas por el mercado de artesanías donde Marta y Fabiana, junto a Leslie, que fue la conductora, miraron ropa típica (cintas y huipiles) y algunos souvenirs para llevarse a España.
Seguimos por el mercado normal. Mientras Fabiana disfrutaba como una niña, Marta sacaba fotografías de todo y más, compitiendo contra mi cámara. Fernando, por su parte, explicaba cada rincón de Antigua como el mejor de los guías.
De ahí nos dirigimos al centro hasta la mítica Torre o Arco del Reloj. Pasamos por varias tiendas observando otro tipo de souvenirs con más cultura sobre el país guatemalteco. Llegados hasta ese punto quisimos comer, por lo que Fernando se ofreció de llevarnos hasta un restaurante en un jardín botánico que conocía. Comimos unos tacos de pollo muy buenos, a los que invitó el mismo Fernando, quedando, no solo contentos de más, sino también llenos.
Con la barriga llena pasamos por un hotel de lujo, desde el que se podía subir a la terraza y observar, bien de cerca, las típicas chimeneas en forma de pirámides octogonales, que se dispersan por los característicos tejados de esta ciudad.
Con mucho conocido y el tiempo ya casi agotado tomamos el coche de nuevo para subir hasta las mejores vistas de la ciudad, en donde yo ya había estado un par de veces: el Cerro de la Cruz. Para conocimiento de los lectores se encuentra en una altura desde la que se aprecia la totalidad de la geométrica ciudad, puro trazado colonial barroco. Al fondo el cónico Volcán del Agua, quien la llevó a su destrucción en 1776 y, mirando hacia su derecha, se ve el humo saliendo del Volcán de Fuego.
Con esa experiencia y las fotos haciendo el payaso junto a Marta, Fabiana, Fernando y Leslie, decidimos despedirnos de la ciudad de Antigua para volver a la nueva Ciudad de Guatemala. Con un camino largo, perdiéndonos entre el tráfico del centro de la capital, llegamos hasta las oficinas de Valentín.
Valentín es un experto en seguridad alimentaria, amigo de Fernando y Palmira, que estaba montando unas oficinas en la zona 13 y con el que hice buenas migas al igual que con las chicas, quienes se quedaron anonadadas del espacio que Valentín estaba montando.
Dejando las oficinas y el trabajo atrás, Valentín nos llevó en su coche hasta el hotel donde Karina, una compañera y amiga de la que antes chateé en Nicaragua como parte de los contactos proporcionados por Fernando. Allí la recogimos para irnos a cenar.
Fuimos a un restaurante "fondue" enfrente de la casa de Fernando. Allí comimos fondue de carne y a los postres fondue de chocolate. En ese espacio adinerado, pero bien avenido, charlamos contando mi historia mientras la fondue se iba terminando con buen sabor. Nos despedimos y a dormir a casa de Fernando.