Guate: televisión y Publiruta
Dos medios de comunicación han tenido la amabilidad de ofrecerme entrevistas. Estoy entusiasmado con el interés que Guatemala está depositando en mi proyecto. Aunque sé que es cosa de Fernando y Palmira, todos se están abriendo a informar a la población sobre mi viaje de una manera desinteresada.
Caminamos hacia el Paseo de las Américas y luego bajamos hasta la Fox, para adentrarnos en la Zona 13. Una de las cosas entrañables de Guatemala es que los viandantes se saludan y dan los buenos días, mientras que, por el contrario, los conductores muestran un comportamiento agresivo, acelerando cuando atraviesas la calzada. En las nuevas oficinas de Valentín esperamos a los medios de comunicación. Uno vendría en la mañana y otro en la tarde. Mientras llegaban los primeros, revisábamos posibles trayectos para mi próxima ruta en bicicleta.
Publiruta y su periodista, Juan Pablo Castillo, fueron los primeros en concederme la entrevista para su diario gratuito. Un periódico que se reparte en los autobuses de Guatemala ciudad y para la globalidad del país. Tiene como objetivo servir de entretenimiento e información matutina a todos los ciudadanos de la gran capital, en un principio.
El interés que me mostró fue enorme y las preguntas, llenas de significado, han llegado a interesarme y distraerme, sintiendo que teníamos una bonita conversación en vez de entrevista. Un magnífico y asertivo profesional, Juan Pablo. Charlando y dando mis consejos típicos de buscar y lograr los sueños y de que nada es imposible, rellenamos una hora y media, que fue a más cuando le mostré la bici con la que estaba logrando tal, según él, hazaña. Fernando, siempre a mi lado, respaldándome y grabándome, me hacía sentir también muy a gusto. Lo hizo callado, pero respaldando de modo muy puntual mis comentarios, de forma muy acertada y apoyándome con coberturas informativas.
Después de la entrevista regresamos caminando hacia casa y salimos a comer algo. No acertamos, ya que en un restaurante medio pijo me comí unos hot dogs, camuflados en el menú de la carta con otro nombre y con otra imagen muchísimo más chic y sabrosa. Aunque no iba a abrir ninguna investigación, ni mucho menos denunciar al bar, era algo que molestaba por la gran diferencia de parecidos y por el coste nada despreciable para ser tal alimento. El mismísimo joven camarero nos dio la razón sobre ese engaño. Fernando, por su parte, comió unas alitas y, compartiendo mi frustración empáticamente, me las ofreció para que quedara algo más alimentado.
Caminamos de nuevo hacia las oficinas de Valentín y esperamos la llegada de Guatevisión TV, que raro para estos lares fueron puntuales; estos no debían ser chapines de pura cepa… lo digo porque con toda naturalidad se habla del “tiempo chapin”, lo que consiste en llegar media hora o una hora más tarde. Pues bien, Paula, la entrevistadora, y Hanssel, el cámara, fueron puntuales y atentísimos.
Para esta entrevista, el cámara eligió el jardín de las oficinas. Al inicio, con la cámara delante, la entrevista me salió algo más forzada, con algunos nervios que me afloraban, al ser Guatevisión un medio tan importante en el país. Además, me iban a sacar el miércoles en plena hora punta: a las 19:30, cuando se cena en Guatemala, cosa que aún me ponía más presión. En esta ocasión y como vale más un buen video que mil palabras, no daré mi opinión y dejaré que todos juzguen con estas imágenes.
Para terminar la entrevista, Paula y Hassel sugirieron grabarme desde el coche pedaleando por las calles de Guate, así que tuve que dar un par de vueltas a la manzana mientras me grababan y sacar mi mejor versión para salir bien guapo en la televisión. Luego, Hassel hizo tomas de la bici y me obligó a posar con ella levantada a pulso sobre mi cabeza. Me pude divertir un poco mientras Fernando, de nuevo, no dejaba de fotografiarme y grabarlo todo como buen reportero.
Finalizadas las entrevistas, Fernando me llevó a tomar una limonada con soda y algo de picar hasta que se hizo tarde y volvimos a casa. Fuimos a buscar, sobre las 6, a Palmira y de ahí pasamos por unos supermercados para preparar una cena chapina tradicional… “tiras de no sé qué” con tamales (que no estaba tan mal, por cierto).
Como me ocurre últimamente, me quedé trabajando en mis crónicas para dejarlas terminadas y con la posibilidad de tirar los fuegos artificiales por la hazaña de ponerme al día con ese maldito tema, aunque mañana tendría de nuevo el placer de contar otra nueva historia… es que Guate no me deja.