Crónica del viaje · Guatemala

Carreteras de Petén

DÍA 864
En Guatemala, la gente es amable y solidaria. Tras recorrer 120 km hasta Flores, disfruté de la compañía de ciclistas y bomberos, aprendí sobre nudos y pasé una noche cómoda en un hotel.
127 kmDistancia
7 h 32 minPedaleando
15 km/hMedia
Sol y algunas nubesEl tiempo

Carreteras de Petén

En Guatemala, la gente es amable y solidaria. Tras recorrer 120 km hasta Flores, disfruté de la compañía de ciclistas y bomberos, aprendí sobre nudos y pasé una noche cómoda en un hotel.

No hay más verdad que la que uno ve y en Guatemala país no es todo crimen y robos. Al contrario que en Guate ciudad, la gente se ayuda y se saluda sin más intenciones que esas, todo para bien.

Esa conclusión salió de una conversación entre un chico que desayunaba en el hotel donde Ismael me dejó alojar gratis la noche anterior y con pensión completa. Supongo que después de eso ya no haría falta decir nada más; pero el chico me habló sobre la honestidad y la poquísima probabilidad que pasara algo malo por esas tierras de las que estaban encantados de vivir. Esto era más que suficiente para llegar a esa conclusión. Pero es que además, el recorrer los 120 kilómetros desde mi situación inicial hasta aquí, Flores, todo fueron flores, me acababa de convencer.

En ese trayecto lo mismo de ayer, gente buena saludando y sonriendo sin parar, incluso se hace pesado tanta insistencia y tantas sonrisas. El tema es que las subidas y bajadas se me hicieron preciosas y sin ningún tipo de problema con lo que ya podía estar contento.

También me encontré a una pareja de New York que, al igual que yo, viajaban dando la vuelta al mundo en la dirección contraria y ya llevaban 1 año y medio tan solo para ir de Nueva York hasta ese punto del mapa entre Tikal y Río Dulce, con lo que lo estaban disfrutando por todo lo alto sin importar tiempo ni brújula.

Después del encuentro con los cicloturistas, más kilómetros hasta que paré a comer en un comedor popular, una carne adobada con las típicas tortillas, por un módico precio y trayendo platos a una velocidad endiablada.

Continué el viaje hasta que llegué a Flores al atardecer, con la luna llena subiendo por encima del lago Petén Itzá. Algo maravilloso antes de encontrar a los bomberos de San Benito y quedarme con ellos a descansar en un día de muchos kilómetros y mucho sol.

Con ellos recordé y aprendí unas cuantas técnicas de nudos de los que podía usar más adelante en mi aventura en una clase para el pueblo y dirigida para enseñar esas cosas básicas y que nunca están de más.

Hasta tarde me quedé charlando con la buena onda que ese lugar transmitía hasta que mi cuerpo ya no pudo más, con lo que me acompañaron hasta mi habitación en la planta superior. Una habitación vacía con una camilla en la que uno se podía acostar cómodamente y una cama sin colchón en la que me clavaba los tablones en mi espalda con lo que me decidí por la opción de montar mi esterilla y dormir en el suelo. Así me pasé tan ricamente la noche...