Lago Amatitlán
A 25 km de la Ciudad de Guatemala se encuentra el lago Amatitlán. Un lago cráter del que se decía que era una auténtica belleza años atrás y ahora destaca principalmente por su alta contaminación y una fuerte demanda en turismo local. También era un lugar de entretenimiento y desfogue para la alta-media clase social guatemalteca, con sus casas ribereñas de vacaciones, la cual huyó del lago en el momento que la contaminación se hizo evidente e insoportable. Me cuentan que es un lago de verde intenso, que se aprecia cuando el avión de Iberia bascula hacia la izquierda para enfrentar la pista del aeropuerto de Guatemala.
Un viaje corto en el coche de Valentín, junto a Mayra, Fernando y Palmira, sirvió para llevarnos hasta el lago, del que yo tenía curiosidad por su historia.
De puro domingueo, paseamos junto a la marabunta hambrienta de vendedores que pretendían con sus sonrisas y simpatía acomodarnos en sus sillas, para cocinarnos y servirnos cebollines a la brasa y tilapia en aceite refrito. Viendo del color que tenían las aguas del lago tomé la decisión de no atender a sus insinuaciones de almuerzo y continuar el paseo hasta el muelle. Por las orillas del mismo, sacando fotos de sus aguas marrones, de las que me decían que con buena luz solar se desprendía un color verde muy vistoso, me di cuenta de lo que la gente hablaba al decir que estaba contaminado; la peste que fluctuaba por el ambiente y la espuma, junto a la basura flotante en el agua, hacían del paseo algo no tan gustoso como cabía esperar en un lago de esa magnitud y con un entorno privilegiado.
Seguimos el paseo hasta un spa muy famoso llamado Santa Teresita. Santa Teresita es un resort, hotel y spa de aguas termales bastante popular entre la población de Guatemala. Cuentan con numerosas áreas de piscinas de agua termal a diferentes niveles. Se puede subir hasta un mirador, que me recordó la cripta de la colonia Güell, diseñada y construida por Gaudí. También cuenta con dos lujosos restaurantes de comida nacional e internacional en el cual degustamos carne asada y pollo al tamarindo realmente deliciosos y en buenísima compañía.
Con la barriga al ciento diez por ciento, nos desplazamos de regreso a la capital guatemalteca, en la que la suerte y el buen horario permitieron una entrada fluida y sin excesivos problemas de tránsito.
Dejamos primero a Mayra en su casa y seguido a Palmira. Valentín, Fernando y yo pasábamos por un gran supermercado de ferretería para comprar unos utensilios. Más tarde Valentín nos acercó a un supermercado en plena Avenida de las Américas, llamada así por los monumentos-plaza representativos de cada país. Hicimos la compra para la semana, comprobé los productos precocinados que podré comprar para mis próximas etapas y a su vez profundizamos más sobre los precios y los diferentes gustos entre los ricos.
Para cenar, Palmira nos preparó crema de puerros junto a medallones rebozados. Todo para dormir bien a gustito y finalizar soñando en un día lleno de algo que se parecía, hace mucho tiempo, a un precioso lago con agua clara y pura. ¿Ocurrirá lo mismo con el Lago Atitlán?