Crónica del viaje · Guatemala

EL viaje imperfecto

DÍA 839
Un viaje en bus a Semuc Champey, Guatemala, se tornó largo y agotador. Tras varias peripecias, llegaron cansados al hotel, listos para cumplir su sueño al día siguiente.
Lluvia finaEl tiempo

EL viaje imperfecto

Un viaje en bus a Semuc Champey, Guatemala, se tornó largo y agotador. Tras varias peripecias, llegaron cansados al hotel, listos para cumplir su sueño al día siguiente.

No me creo la persona más impaciente del mundo; pero 10 horas en bus son muchas horas y, acostumbrado a la bicicleta, eso se me hace muy pesado y largo. A sabiendas de que lo que íbamos a ver valía la pena y con el miedo de que la meteorología nos destruyera parte de la ilusión, realizamos un viaje al pulmón de Guatemala: Semuc Champey, que significa "río que se esconde". Realmente el lugar se escondía en un día cubierto completamente, tanto por el bus como por la lluvia, al que llegamos bajo la noche oscura de la selva guatemalteca.

Un día que se iniciaba con prisas por coger el autobús con dirección a Cobán. Desayunamos corriendo, sin disfrutar del reconstituyente desayuno preparado por Palmira. Salimos de casa a las 07:50 para estar en el Hotel Camino Real a las 08:30, como nos dijeron que debíamos hacer en la empresa de transportes. Nos recogieron tarde, tras muchas llamadas, y sin inmutarse. 1 hora y 45 min. más tarde de lo previsto, y terminando con nuestra paciencia, en la tónica común por la falta de información que llegaba desde las oficinas. Algo típico en Latinoamérica.

Una vez conseguimos acomodarnos y relajarnos, el vehículo atravesó la ciudad de Guatemala rumbo hacia Cobán. Dos paradas por el camino fueron suficientes para almorzar filete guisado, que nos ofrecía el restaurante, ver cómo el conductor ligaba con una chica del local y escribir un par de crónicas con el consecuente mareo. Para pasar los mareos, la técnica de charlar con una pareja de Pamplona dio resultado, ya que el intercambiarnos información de viajeros fue reconstituyente e interesante. De Cobán a Lanquín, bajo una chispeante lluvia, iniciamos un tobogán de varias subidas y bajadas bien empinadas, por una carretera de tierra poco agradable para el trasero, aunque en realidad eso ya me importaba poco con el cansancio acumulado hasta ese momento.

Ya de noche, en Lanquín nos subimos en una especie de camión furgoneta en la que íbamos detrás, como verdadero ganado humano. El viaje fue algo más que incómodo, ya que íbamos sentados en una tabla estrecha de madera, atravesada de lado a lado en la parte de atrás, a modo de banquito, con las mochilas cayéndonos sobre la espalda a cada subida y a cada acelerón. Frente a nosotros, de pie, los locales indígenas abarrotaban la camioneta con caras serias y sin atisbo de energía ni expresión asertiva alguna. Opté por ser DJ, pero no se animaban ni poniendo música de todas clases, ni contando chistes de lo más gracioso ☺.

Así, con el culo de los indígenas en nuestras caras y junto a una pareja italofrancesa, amenizados con música de Enrique Iglesias que salía de mi teléfono, llegamos al hotel El Portal, localizado a pocos metros del parque natural de Semuc Champey.

Dejamos las cosas en la habitación, realmente cansados. Sin fuerzas para más, subimos al restaurante para cenar: pollo con pasta, que nos dejó con sentencia para la cama y para poder levantarnos bien temprano al día siguiente, para así conseguir realizar otro sueño...