Crónica del viaje · Perú

Entre tortugas

DÍA 688
Nadé con tortugas en Ñuro tras un recorrido en bicicleta. Disfruté de vistas maravillosas, salté en el muelle y regresé a Mancora con buenas vibras y un profundo sueño.
45 kmDistancia
2 h 35 minPedaleando
Soleado todo el diaEl tiempo

Entre tortugas

Nadé con tortugas en Ñuro tras un recorrido en bicicleta. Disfruté de vistas maravillosas, salté en el muelle y regresé a Mancora con buenas vibras y un profundo sueño.

Cosas más lindas como nadar con tortugas o delfines no puede haber, con lo que cuando la pareja de Christian nos dijo en la habitación nada más levantarnos que había un lugar donde poder nadar junto a esos seres con caparazón no me lo pensé dos veces. Me contó la manera de llegar hasta allí y, después de comer un ceviche rico, rico, junto a un arroz con pollo como segundo, agarré la bicicleta y recorrí los 23 kilómetros de subidas y bajadas que me separaban de la playa de Ñuro, el paraíso de las tortugas.

Una vez allí pagué 5 soles como mantenimiento de la zona y disfruté de unas vistas al mar realmente maravillosas, con algunas de las tortugas que sacaban la cabeza. En el lugar había un muelle donde había un espacio habilitado para bañarse y la gente, normalmente local, le daba de comer a las tortugas. Por mi parte, me saqué apresuradamente la ropa y me metí primero en esa zona y luego a mar abierto para estar tranquilo con esos seres tan especiales que aportaban dosis de relax y buena onda.

Su nadar pausado y su mirada profunda hacían que sólo quisiera sonreír y dejarme llevar por esa magia sacada de los cuentos de sirenas. Estuve junto a ellas mucho rato y cuando me enfriaba salía, me secaba y volvía a meterme de nuevo.

En el muelle los chicos locales saltaban desde grandes alturas divirtiéndose y como eso a mí me puede, me uní a su fiesta dejando un salto como los que tantísimas veces he hecho en el río del Duero junto a mis amigos redondejos.

Ya con el sol en fase terminal decidí dar por finalizada esa gran experiencia y volví a Mancora con el viento a favor y a toda vela para llegar justo cuando el sol se metía en el agua del atlántico despidiéndose hasta el día siguiente.

Me duché ya con los deberes hechos y feliz. Cen é de nuevo ceviche y acabé junto a mis nuevos amigos en el paseo donde vendían sus artesanías.

Era la hora del descanso y las buenas vibras que llevaba en el alma repercutieron para tener un sueño profundo y con lindos sueños.