Crónica del viaje · Perú

Un nuevo país sin frontera

DÍA 689
Entre Perú y Ecuador, la frontera es curiosa: no hay controles. Conocí a Ignacio, un amable motero, y tras un enredo con mi pasaporte, viajé a Quito para la boda de Xavier.
140 kmDistancia
6 h 31 minPedaleando
30 km/hMedia
NubladoEl tiempo

Un nuevo país sin frontera

Entre Perú y Ecuador, la frontera es curiosa: no hay controles. Conocí a Ignacio, un amable motero, y tras un enredo con mi pasaporte, viajé a Quito para la boda de Xavier.

Cosas raras pasan entre Perú y Ecuador. Lo digo porque si entras por las ciudades fronterizas de Zarumilla y Huaquillas, en ningún momento hay que sellar el pasaporte y vas de un país a otro sin ningún tipo de control.

Antes había viajado en combi para ganar tiempo hasta Tumbes y de ahí en bicicleta a la mencionada frontera, con la sorpresa inesperada de conocer a Ignacio, un señor muy amable que iba en moto y que me invitó a almorzar en una cantina de Zarumilla y regalarme la última imca cola que bebería en Perú.

Todo un buen hombre, al cual debo ese mismo trato cuando vaya a Barcelona a visitar a su hermana, residente en la ciudad condal.

Después pasó lo que venía contando en el arranque de la crónica: llegar a la frontera y ver que no hay aduana ni ningún lugar donde te digan nada, cruzando al libre albedrío de país a país y pasando de una ciudad a otra sin darte cuenta, si no fuera por un par de carteles que se situaban uno detrás de otro, entre los mercados de las dos ciudades, solo separadas por un pequeño puente de 10 metros. Era extraño ver cómo de un lado a otro las cosas cambiaban tan radicalmente como la comida, el dinero (de soles a dólares), a veces uniéndose sin restricciones.

Como aún no tenía el pasaporte en regla y no veía aduanas por ningún lado, tuve que preguntar a los oficiales de policía que por ahí circulaban qué debía hacer para poner en regla mi pasaporte. Me comentaron que las aduanas estaban en otra carretera paralela a esa donde estábamos, con lo que debía pasar la ciudad de Huaquillas y volver atrás hasta la aduana, recorriendo unos 6 kilómetros dentro de Ecuador, siendo aún ilegal. Eso hice y finalmente llegué a la aduana, donde muy amablemente me arreglaron mi situación, pidiendo viajar 90 días por Ecuador sin mayores problemas.

Con eso ya hecho, tenía que volver atrás a la ciudad y, de nuevo, buscar un transporte lo más barato a Quito y reunirme con Toni, el amigo que muchos de vosotros conoceréis por los capítulos de Suiza, y salir con ellos a dar vueltas por Ecuador hasta el día 5, que era la boda de Xavier en el mismo Quito.

No fue difícil encontrar ese transporte, mucho más barato que en el lado peruano, y por 14 dólares viajaría unos 800 kilómetros, casi un dólar por hora transcurrida.

Aún tenía una hora hasta que el bus saliera, así que me dediqué a pasar de frontera a frontera, viendo a los artesanos de los mercados, como contrastaba de lado a lado. Realmente, una locura que describiría una sociedad unida pero un poco convulsa y desordenada. Una situación que no había vivido nunca en esta vuelta por el mundo.