El reencuentro
652 días después de mi despedida de Barcelona y de mi familia, hoy era el día que debía reencontrarme con mi primo Xavi.
Él, como primo hermano mayor, había sido una inspiración para viajar durante mi niñez. Recuerdo cuando viajó a la India y le admiraba profundamente por cruzar tantos kilómetros hasta el país donde todo cambia por completo.
Ahora, después de tantos años, íbamos a compartir un viaje, siendo algo realmente especial para mí.
Recorrí los 40 kilómetros aproximados que me faltaban hasta llegar a la gran ciudad de Puno. Una vez allí, me di cuenta de que algo estaba pasando en Perú, ya que todas las calles estaban recubiertas de adornos y banderas peruanas. Eran las fiestas patrias que celebraban el Día de la Independencia con España. Marcado en el calendario como el día más importante peruano y con el que las fiestas y las tradiciones se amontonaban en las calles de una ciudad grande como único reclamo turístico del lago Titicaca.
Una vez me conecté a internet, mi primo me dijo dónde se alojaba y me dirigí hacia allí apresuradamente para reunirme con él. En el hostel avisaron a mi primo que se encontraba esperándome en la habitación y, a la que nos vimos, nos unimos en un fuerte y familiar abrazo. Era la vez que más tiempo pasábamos separados, ya que las puertas de nuestros padres se encontraban a pocos metros una de otra y siempre habíamos mantenido una relación de hermanos.
Poco después, me presentó a su pareja y compañera de viaje, Cris, la cual había pasado una bronquitis días atrás y aún seguía en tratamiento de antibióticos.
Con el reencuentro familiar ya en el saco, debíamos festejarlo con una buena comida peruana. ¿Qué mejor que ceviche, uno de mis platos favoritos aquí en Perú y algo que ya exporté a Barcelona, quince años atrás con mi primera visita a este país con una gastronomía tan variada y rica?
Después dimos una vuelta por la costanera y paseamos por el puerto preguntando precios de los barcos a las islas cercanas y sagradas de Amantani y Taquile. Nos decidimos por una cooperativa propia de Amantani que tenía un precio ajustado. Este dinero sólo iba a parar a las familias de las islas.
De vuelta al hostal, nos separamos por poco tiempo para ducharnos y salimos a cenar uno de los pollos más sabrosos que ya antes había probado en esta ciudad, bien asado. Una delicia para el paladar, que no salió tan barato como antaño, pero me supo a gloria.
Tomamos unas cusqueñas. Las primeras cervezas peruanas que me habían gustado y había probado en mi estancia aquí. Luego, junto a una larga charla con mi primo de todo y de esas que me encantan (política aparte e incluida a la vez), nos fuimos a dormir.
Un día muy emotivo para mí y muy feliz por esta nueva unión en mi aventura alrededor del mundo y una experiencia también soñada desde años y años atrás. Una pequeña representación de la familia Del Amo, Chalmeta y Romo unida en viajes y nuevas experiencias a través del país de los antiguos Incas. Cultura de mitos y leyendas donde la energía del sol nos acompañaría para darnos, seguro, buenos momentos.