Crónica del viaje · Japón

Desembarco en Japón

DÍA 287
Desembarcando en Fukoka, Japón, me uní a amigos para explorar. Visitamos un monasterio, disfrutamos de la playa y acampamos en un parque, donde todo era seguro y cómodo.
76 kmDistancia
5 h 21 minPedaleando
15 km/hMedia
VariableEl tiempo

Desembarco en Japón

Desembarcando en Fukoka, Japón, me uní a amigos para explorar. Visitamos un monasterio, disfrutamos de la playa y acampamos en un parque, donde todo era seguro y cómodo.

Cinco de la mañana en alta mar. Uno de los que dormían en la habitación encendió la luz. Creyendo que eran los del barco advirtiendo nuestra llegada a Fukoka (Japón), me desperté y salí afuera para fotografiar la llegada al puerto. En vez de eso, me encontré con un amanecer precioso con las islas de Japón a la vista.

Volví al camarote para descansar un poco más. A las 7:30 desembarcaba por fin en Japón y con mis nuevos amigos conocidos en el puerto de Busán. El visado parecía fácil, pero me costó bastante convencer a los controles pertinentes de que estaba dando la vuelta al mundo en bicicleta y que no iba a residir en ninguna dirección fija de Japón.

Con el visado en mi pasaporte, uno más a la colección, me reuní con mis amigos en el hall del puerto de Fukoka, ya que decidimos que podíamos ir juntos, por lo menos un tiempo, porque ellos también se dirigían a Osaka.

Los primeros kilómetros los hicimos hasta un monasterio de Fukoka para meterme de lleno en su cultura y religión. Tenía cosas distintas de los templos que había visto, ya que la vestimenta de monjes y monjas era más japonesa, con los kimonos.

Después de eso, recorrimos kilómetros hasta llegar a la playa, lugar donde nos refrescamos dándonos un baño. El primero en Japón. La comida fue a base de noodles que llevábamos para preparar.

Kilómetros y más kilómetros. Poco a poco me enseñaban los trucos para conseguir wifi gratis en la ruta o pagar menos en los supermercados más baratos.

Por el camino conocimos a un señor que nos invitó a helados y nos contó que alguna vez había hecho 400 kilómetros en bicicleta, sin dormir durante 22 horas. Una locura que me pareció anecdótica.

Para dormir, la pareja me enseñó algo que yo, hasta el momento, desconocía. Era dormir en un parque de Japón, ya que en este país está permitido acampar donde se quiera sin miedos a que roben nada ni a nadie.

Estaba genial acampar en el parque porque tenías los baños públicos al lado y podías hasta ducharte, con agua fría, eso sí.

Para cenar les preparé un risotto de arroz y hasta el día siguiente...