Crónica del viaje · Japón

Empapado de Osaka

DÍA 295
Un viaje en bicicleta a Osaka bajo la lluvia, donde un encuentro con un anciano y un festival me llevó a buscar refugio en un baño público, resultando en una noche curiosa y divertida.
32 kmDistancia
2 h 12 minPedaleando
15 km/hMedia
Lluvia finaEl tiempo

Empapado de Osaka

Un viaje en bicicleta a Osaka bajo la lluvia, donde un encuentro con un anciano y un festival me llevó a buscar refugio en un baño público, resultando en una noche curiosa y divertida.

Konnichiwa, decía un señor mayor asomándose a mi tienda. Lo mismo le contesté yo; aunque después me soltara frases en japonés que no entendía.
Le pregunté si podía hablar en inglés y el hombre poco le faltó para llorar, así que llamó a un amigo, de los tantos que se encontraban a su alrededor, para que se entendiera conmigo. El otro señor, en un inglés malo, me dijo que en ese parque se organizaba un festival y que debía recoger la tienda. Todo dicho de manera muy educada y sencilla.

Como no podía hacer otra cosa, recogí todo rápido y, justo cuando despejé la zona, empezó a llover, con lo que di las gracias al Señor por meterme prisa, ya que si no hubiese sido así, todo el material se me hubiera mojado.

Me quedaban 15 kilómetros para llegar a Osaka y los hice bajo la lluvia fina de un día gris a más no poder. Pero cada vez faltaba menos para ver a Susana y a Marc y eso me animaba para pedalear con más ahínco. A media mañana me paré para tomar un desayuno y seguir tirando hasta llegar a Osaka. Como no tenía nada que hacer, recorrí con la bicicleta la ciudad y me fijé especialmente en los parques para dormir en la tienda por la noche.

Alrededor de Osaka pude ver varios rascacielos y a lo lejos el castillo, el cual quería visitar en compañía.

Estuvo todo el día lloviendo, con lo que al atardecer decidí probar suerte y meterme en uno de los baños públicos del parque Utsubo. No paraba de llover y la idea de que la tienda quedara empapada durante los 15 días que iba a estar con mi hermana de hostales no me gustaba ni un pelo, con lo que me encerré en el baño de minusválidos y, aunque estaba limpio, le di una repasada antes de acomodar el aislante y el colchón.

Después de hacerlo, creo que fue una muy buena idea. Pasé una muy buena noche con gente entrando y saliendo, tirándose pedos, eructos, haciendo gárgaras y, evidentemente, haciendo sus necesidades a diestro y siniestro. Mi conclusión es que la gente de Osaka tiene un problema serio de vejiga y de baños en su propia casa.