Crónica del viaje · Japón

Tifon a la vista

DÍA 299
Los planes cambiaron por un tifón y, tras perder un tren, comimos okonomiyaki en Hiroshima. Luego, llegamos a Kyoto y conocimos un bar donde disfrutamos de la música y la diversión japonesa.
Lluvia torrencialEl tiempo

Tifon a la vista

Los planes cambiaron por un tifón y, tras perder un tren, comimos okonomiyaki en Hiroshima. Luego, llegamos a Kyoto y conocimos un bar donde disfrutamos de la música y la diversión japonesa.

Los planes nunca pueden llegar a ser perfectos. Esta vez, debido a las condiciones meteorológicas, ya que la idea era ir desde Miyajima hasta Hiroshima y coger un tren hasta Himeji, lugar donde queríamos visitar el castillo más grande de Japón. Pero el tifón que se acercaba hizo que los planes se torcieran y, en vez de tardar 30 minutos, tardamos hora y media. El tren estaba parado y el único medio para llegar a la estación de Hiroshima era el tranvía, que tardaba tres veces más. Con ese cambio se trastocó el día y tuvimos que reservar otro tren para las 2 de la tarde.

Comimos okonomiyaki, el plato más famoso de Hiroshima. Es una especie de tortilla con crepé, por un lado fideos y lo que quisieras por el medio. Buenísimo, aunque pensábamos que sería algo rápido, fue una comida muy elaborada con la que perdimos uno de los trenes.

Con todos esos cambios no pudimos pasar por el castillo de Himeji y nos vimos obligados a ir directos a Kyoto. Llegamos a las cinco directamente en uno de los buses de Kyoto (230 yenes) y nos dirigimos al apartamento.

Estuvimos esperando hora y media a que viniera a buscarnos Yang, el propietario del apartamento y un chino. Lo gracioso fue que creíamos que nos había entendido que estábamos dentro del café y el hombre estuvo buscándonos todo ese tiempo.

Ya en el apartamento decidimos salir a comprar en el hipermercado y, por la mitad de precio a partir de las 19, compramos sushi muy barato. Después salimos a ver el ambiente y a tomar algo en el Galaxy 500, un bar recomendado por un amigo de Marc y Susanna, en el que conocimos una cara distinta de Japón y los japoneses. El local de 5 metros cuadrados había una barra y siete taburetes, no cabía nada más. Nos divertimos mucho con la buena música y vimos la diferencia entre: un japonés sereno y con unas copas de más... son muy divertidos.