Crónica del viaje · Japón

Tokyo bajo el tifon

DÍA 303
Un día lluvioso en Tokio, visitamos el Palacio Imperial y el templo Meiji Jingu, disfrutamos de una cena con Tomomi y aprendimos sobre la vida cotidiana de los japoneses.
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Tokyo bajo el tifon

Un día lluvioso en Tokio, visitamos el Palacio Imperial y el templo Meiji Jingu, disfrutamos de una cena con Tomomi y aprendimos sobre la vida cotidiana de los japoneses.

En un día que queríamos aprovechar para ver cosas, tuvimos que conformarnos con no mojarnos demasiado y ver el palacio imperial de Tokio, que está situado muy cerca de la estación de Tokio y es la residencia oficial de la familia imperial japonesa.

En 1868, cuando Japón se abrió al mundo y se terminó el shogunato, la residencia imperial se fijó en Tokio y se utilizaron los muros y terrenos del castillo para construir el Palacio Imperial; aunque la torre del castillo, destruida por un incendio en 1657, nunca ha vuelto a reconstruirse. Desde 1868 hasta 1888, de hecho, el emperador Meiji residió en el castillo de Edo hasta que se dio por finalizada la construcción del Palacio Imperial.

Una de las vistas más fotografiadas del Palacio Imperial es desde la gran explanada de Kokyo Gaien, los dos puentes que forman la entrada a los terrenos interiores del Palacio Imperial: los puentes Nijubashi.

Los terrenos interiores del Palacio Real tan sólo están abiertos al público dos veces al año: el 2 de enero para dar la bienvenida al Año Nuevo y el 23 de diciembre con motivo del cumpleaños del Emperador. En ambas ocasiones, se puede ver a la familia imperial saludar desde el balcón.

Fuera de estas fechas, tan sólo se pueden visitar los terrenos interiores del Palacio Real a través de visitas guiadas; aunque los visitantes nunca acceden a ninguno de los edificios. Las visitas guiadas son en japonés y deben reservarse con antelación desde esta página.

La única parte de la zona interior del Palacio Imperial abierta al público de forma libre es la de los Jardines Orientales del Palacio Imperial. Abiertos todos los días, menos los lunes, viernes y ocasiones especiales. Se sitúan en la zona donde antaño se encontraban los antiguos círculos de defensa del castillo de Edo, el honmaru (círculo principal) y el ninomaru (segundo círculo de defensa), donde en la actualidad encontramos un jardín de estilo japonés. Hoy en día sólo quedan las puertas de entrada, algunas torres, muros y fosos.

Luego fuimos hasta el Parque Yoyogui que, por lo que nos habían dicho, el domingo estaba lleno de rockabilly y frikis; pero con el día que hacía sólo pudimos ver algunos chicos haciendo coreografías, alumnas de modelos y un precioso parque.

Seguidamente aprovechamos el tiempo para ir al templo que estaba justo al lado - Meiji Jingu. Probablemente el santuario sintoísta más célebre de Tokio. Dicen que es mejor ir entre semana y por la tarde, ya que hay menos gente; pero con la suerte que teníamos nosotros nos empezó a llover a cántaros. Es sorprendente cómo se conserva este enorme pulmón verde en medio de la jungla de asfalto.

Después volvimos al apartamento y quedamos con Tomomi. Esta vez nos llevó a cenar a un garito de otro amigo suyo, al lado de su casa, en el que comimos y bebimos sin parar. Fueron tres horas de una laaarga e impresionante cena.

En el lugar conocimos a mucha gente que nos enseñaron, más o menos, cuál es la monotonía normal de un japonés: trabajar y salir a tomar sake o cerveza casi todos los días.