Sushiiii y Karaokeee
En todos estos días en Tokio, una de las cosas que más ilusión nos hacía era ir al mercado de pescado Tsukiji. Pero primero debíamos cambiar de alojamiento debido a que seguiríamos un día más de lo organizado e ir a un hostal regentado por Tomomi al lado de su peluquería.
Ya con todo resuelto, nos fuimos al mercado: muchos pensaréis que es sólo un mercado, pero nos encantó. Una gozada para todos los sentidos, sobre todo el del gusto, ya que tiene la recompensa de degustar el mejor y más fresco sushi del mundo. Primero en un restaurante, muy frecuentado, y luego a otro restaurante del que salimos encantados.
Después fuimos al templo de Sensoji, en Asakusa. El templo es visitado anualmente por 20 millones de personas y es sin duda uno de los puntos turísticos de interés más importantes de Tokio. La zona circundante está repleta de comercios y callejuelas con el sabor del viejo Edo.
Es el templo más antiguo de Tokio, dedicado a la diosa Kannon. Según la leyenda, en el año 628, dos pescadores encontraron una estatua de la diosa en el cercano río Sumida y, aunque volvían a poner la estatua en el río, ésta siempre regresaba a ellos.
El templo fue completado en el año 645. Desde Kaminarimon (la Puerta del Trueno), guardada por Raijin, el dios del trueno a la izquierda, y Fujin, el dios del viento, se accede a Nakamise: un paseo comercial que conduce a Hozomon, la puerta del tesoro: la puerta principal del templo.
A la izquierda se alza una pagoda de cinco alturas (Goju-no To, de 64 m de altura) y enfrente el edificio principal “Hondo” que alberga la estatua de Kannon de 5-6 cm de altura y que nunca ha sido mostrada en público.
El acceso al templo por “Nakamise”. El paseo está franqueado por tenderetes y kioscos, con recuerdos y artículos variados destinados al visitante. Hay varios puestos donde se puede comprar todo tipo de “Osembe”: galletas japonesas, generalmente de trigo, de curioso sabor. También hay motivos japoneses como el “hachimaki”, el pañuelo para anudar en la frente, como el que llevaban los kamikaze con los símbolos de “Hisso” (¡venceremos!). Otros hachimaki hacen referencia al deseo de tener éxito en los estudios, etc. Finalmente, encontraremos gran variedad de Yukata: los kimonos de verano que muchos occidentales compran para vestir cómodamente en casa.
Pasado Hozomon, nos encontramos con un gran incensario “O-koro”. Se dice que el humo cura a los enfermos y fortalece a los débiles.
Después de eso, volvimos al hostal donde nos esperaba Tomomi para hacer la última fiesta juntos.
Aunque primero nos enseñó la peluquería en la que trabajaba y nos puso música mientras tres amigos suyos se iban apuntando a la fiesta.
Junto a ellos, nos llevaron a un restaurante donde comimos de todo y bien. Después fuimos al karaoke, invitados por ellos.
Cantamos de todo y alucinamos con cómo tenían montado todo aquello. En habitaciones privadas, con ordenadores para buscar las canciones y todo un sistema de audio digno de los mejores cantantes. Allí cantamos Arare, Bola de Dragón, rock and roll y de todo un poco, durante una hora.
A continuación, una última cerveza, paseo por la calle y adiós a Tokio.