Crónica del viaje · Japón

Un paseo por templos y otro por toris

DÍA 301
Visité Nara y Fushimi Inari, disfrutando de templos y ciervos. La lluvia nos sorprendió, pero aún tuvimos tiempo para sushi y música en Kyoto antes de regresar a casa.
Nubes y lluviaEl tiempo

Un paseo por templos y otro por toris

Visité Nara y Fushimi Inari, disfrutando de templos y ciervos. La lluvia nos sorprendió, pero aún tuvimos tiempo para sushi y música en Kyoto antes de regresar a casa.

En el día de hoy tocaba visitar la antigua capital de Japón: Nara.

Nos pusimos en marcha y comimos en el tren hasta la ciudad. Tardamos media hora con el tren rápido.

De ahí fuimos a información a que nos dibujaran una ruta para ver lo mejor en un día nublado.

Empezamos recorriendo las calles tradicionales de Nara sintiéndonos ciudadanos de décadas atrás.

Después de un rato andando, vimos los típicos ciervos de Nara. Los ciervos sika, protegidos oficialmente como tesoros nacionales y considerados como mensajeros de los dioses por el sintoísmo, vagan por el terreno libremente. Son utilizados como reclamo turístico y se les puede alimentar, previa compra de una especie de galletas que venden alrededor, por lo que no muestran ningún temor hacia las personas.

Las atracciones turísticas visitadas fueron:

- KofukuJi (***) fue fundada en el 710. En el apogeo de su prosperidad el templo poseía más de 175 edificios. La mayoría fueron reducidos a cenizas durante el paso de 1300 años. La pagoda, que se levanta a su lado, tiene cinco pisos del siglo XV. La segunda más alta de Japón. El reflejo de esta pagoda en el estanque de Saruwasa es una de las imágenes más características de Nara.

- Parque Ishion: (**). Realmente no es ese parque, pero estaba al lado y era gratis.

- Templo Todaiji (*****): Es uno de los templos más famosos de todo el país. Construido en el año 752, fue erigido como la cabeza visible de la iglesia budista. No solo alberga el buda de mayor tamaño de todo Japón: Daibutsu (14.98 m de altura. 5.33 m. ocupa solamente el rostro, ojos de 1.02 m., nariz de 0.5 m., orejas de 2.54 m. y un peso aproximado de 500 toneladas). Originariamente el templo era 3 veces mayor de lo que podemos ver hoy día; pero los sucesivos ataques e incendios destruyeron una gran parte del edificio. Junto al gran buda existe una columna con un agujero que la atraviesa. Cuenta la leyenda que el que pasa por él tendrá grandes bendiciones en su próxima vida. Los niños la cruzan sin problema, pero son muchos los turistas que se quedan atascados en ella y tienen que ser ayudados. Se encuentra en el parque Nara y se puede visitar de 7:30 (8:00 de noviembre a marzo) hasta las 17:30 (16:30 de noviembre a febrero, 17:00 en marzo y octubre).

Después de un corto, pero intenso chaparrón, continuamos subiendo la colina hacia:

- Kasuga Taisha (****). Fundada por la familia Furiwara en el 768. Es uno de los santuarios shinto más famosos del país. Los edificios lacados de bermellón contrastan con el verde del entorno del bosque. Está situado al pie de una colina donde hay manadas de ciervos y el acceso al templo está flanqueado por cientos de faroles.

- Nara Park (Nara Koen) (***). Es un parque grande y agradable en el centro de Nara, fundado en 1880. Es la ubicación de muchas de las atracciones de Nara, incluyendo Todaiji, Kasuga Taisha, Kofukuji y Museo Nacional de Nara, especializado en arte budista.

El parque es la residencia de cientos de venados que vagan libremente. Considerados mensajeros de los dioses en Shinto. Los venados de Nara son un símbolo de la ciudad y son considerados como tesoros nacionales.

- Fushimi Inari (*****). En un viaje muy corto en tren, desde Nara, nos plantamos en la misma puerta del principal templo sintoísta, dedicado al espíritu de Inari, deidad japonesa de la fertilidad, el arroz, la agricultura, los zorros, la industria y el éxito en general. Aunque comúnmente Fushimi Inari, como se llama a este santuario, es conocido por la serie de toriis rojos que delimitan el camino, colina arriba, donde se enmarca el monasterio. El hecho de haber dejado esta visita para el final había sido con toda la idea de poder disfrutar del lugar tanto durante el día como al anochecer, momento en el que el camino se mantiene iluminado con centenares de faroles, lo que lo convierte en un lugar mágico.

De los más populares de todo el país, especialmente después de salir en la taquillera película Memorias de una Geisha, el santuario Fushimi Inari enamora a todos. Ubicado bajo el manto de un entorno fascinante. Sus cientos de Toriis o puertas a lo sagrado de color rojo lo diferencian del resto.

El mayor problema fue cuando estábamos subiendo por las numerosas escaleras y nos empezó a llover de manera fina. Volvimos corriendo de vuelta al tren y, aun así, nos empapamos de lo lindo.

De vuelta a Kyoto aún tuvimos tiempo para tomar algo en el bar que nos dio la bienvenida, con el jefe que nos invitó a pinchos. Después fuimos a comer a un restaurante de sushi que nos habían recomendado días anteriores, Tato, que tenía un bar español.

Estaba todo muy rico; pero, después de todo lo vivido, aun teníamos ganas de tomar algo. Decidimos ir a un garito pequeño en el que, después de unas horas, entraron un grupo de música y se decidieron a tocar algo en directo.

Las fuerzas empezaban a menguar y poco a poco me iba entrando sueño. Aun y así volvimos al Galaxy para dar el último adiós a Kyoto.

De vuelta a casa bajo la intensa lluvia y bajo la alarma del tifón, preferimos coger un taxi e ir a lo seguro.