Camino con sol
Un lugar como Selçuk se merecía una despedida de fuegos artificiales como muchos otros, pero como siempre, he tenido que irme con la bici entre las piernas y sin mirar atrás.
Esta vez he dejado a Ozer con una sonrisa y una cámara, alzando la mano, en señal de un adiós.
La primera era una subida de 4 kilómetros... con la que ya contaba. Ha sido el calentamiento de un día caluroso y con un sol brillante como compañero. Después las montañas se han abierto para mostrarme un camino más llano y menos duro.
Para comer he preguntado en un restaurante precioso en el que me han invitado unas señoras muy majas a comer una especie de hojaldre con espinacas, queso y cebolla. Todo un lujo junto a un cremoso yogur para beber (Ayran). Después nos hemos tomado una foto para recordar este buen momento.
Pasados unos 110 kilómetros y, viendo que empezaba a caer ese hermoso sol, he preguntado dónde podría dormir en una gasolinera. Me han señalado en dirección al pueblo de Kuyucak donde unos señores majísimos me han proporcionado un lugar donde dormir en casa de uno de ellos: Ramazan.
Primero me ha llevado a su casa y me he cambiado de ropa. Luego hemos ido hasta el súper donde ha comprado algo para comer y acto seguido me ha preparado: ensalada, pasta y alitas de pollo con el pan pita, típico de Turquía.
De ahí me ha llevado hasta el pueblo del lado: Nazilli, donde me ha invitado a un café turco y a pasar un rato, con sus amigos, tomando un té.
Para finalizar hemos ido a su casa y después de intentar ver una peli, sin suerte, hemos estado viendo la inauguración de los Juegos Olímpicos de invierno, hasta que nos hemos quedado dormidos.