Crónica del viaje · Turquía

Rescate en la tormenta

DÍA 107
Un viaje en bicicleta por Turquía lleva al autor a conocer a Ozkan, quien lo ayuda durante una tormenta y lo invita a cenar y descansar en su casa, compartiendo cultura y experiencias.
83 kmDistancia
5 h 36 minPedaleando
Variable con TormentaEl tiempo

Rescate en la tormenta

Un viaje en bicicleta por Turquía lleva al autor a conocer a Ozkan, quien lo ayuda durante una tormenta y lo invita a cenar y descansar en su casa, compartiendo cultura y experiencias.

Durmiendo como una soca en el hotel Adelaid, me desperté con ganas de alejarme lo más rápido posible de ese antro. Sin tener muy claro los kilómetros que quería hacer, me puse a pedalear, dejando atrás esa peste tan repugnante. Empecé a ver otra cara muy distinta de Turquía: las montañas.

Subí poco a poco esas verdes y escarpadas montañas. En la cumbre de cada una de ellas se podía ver un centenar de molinos de viento, suficiente para crear la energía eléctrica de toda la región de Izmir.

El día era gris y con alguna lluvia fina, pero nada destacable. A media mañana empecé a tener problemas en la rueda de atrás, pues empezaba a doblarse de nuevo. Así que tuve que parar y arreglar ese desperfecto. Poco después, empecé a tener hambre y paré en un restaurante de la carretera. Pedí algo para comer barato, ya que no tenía mucho dinero, y aunque no había mucho entendimiento por culpa del idioma, al final empezaron a servirme de todo: sopa, habas con carne, arroz y ensalada, y al finalizar, un té. Mientras tanto, conocí a unos señores muy majos que no dejaron de hacerme preguntas en un inglés básico y, cuando ya se iban, me dijeron: "I'm pay all, I like meet you". O sea que me habían invitado a la comida.

Volviendo a iniciar mi camino y con la barriga llena, me encontré con una desagradable sorpresa medioambiental, ya que las predicciones meteorológicas habían fallado por completo, encontrándome con una tormenta infernal que me obligó a parar debajo de una especie de tenderete.

Al cabo de media hora, parecía que se había amainado y reinicié mi recorrido; pero, 10 kilómetros después, volvió a caer agua de una manera loca. Aunque debía seguir con el recorrido para llegar cuanto antes a un pueblo y meterme en algún hostal. Con un golpe de buena suerte, una furgoneta se paró en la carretera y me ofreció su ayuda para llevarme hasta Manisa, un pueblo cerca de Izmir.

El buen hombre, Ozkan Ataman, me ofreció una coca cola y una barrita de chocolate. Mientras hablábamos, por señas, por el mal inglés que tenía; pero, como siempre, si dos personas se quieren entender, al final se entienden. Fuera caía agua por un tubo y la furgoneta parecía, a momentos, que se caía a trozos. Ozkan, mientras, hablaba por teléfono con amigos y su familia de mi encuentro.

Ozkan, después de unas llamadas, me hizo entender que en vez de ir a Manisa íbamos a Turgutlu, un pueblo más grande famoso por el vino y el aceite, en el cual tenía su trabajo, una granja de pollitos que él mismo repartía.

Llegado a Turgutlu, ya de noche, Ozkan me llevó hasta un restaurante para cenar algo, invitándome a todo lo que quisiera. Primero comimos una sopa y después una especie de pitzas enrolladas con ensalada, muy buenas. De ahí fuimos a la granja, donde me presentó a su jefe y a dos chicos más que trabajaban en la misma. Me enseñó la granja con las tres habitaciones distintas de pollitos, todas ellas separadas por plásticos y cada una con pollitos de diversos tamaños, colores y edades. En la nave tenían la calefacción a tope y se podía escuchar el pío pío de cincuenta mil pollitos revoloteando de un lado a otro, con las luces encendidas a tope para ayudar al rápido crecimiento de cada uno.

Después de eso, fuimos hasta la estación de tren, donde conocí a su amigo, el cual me podía hospedar en su casa. Pero antes me invitó a tomar un par de tés de manzana y a un pastel de chocolate riquísimo.

Estuvimos un par de horas hablando sobre mil temas distintos, en los que coincidimos en muchos de ellos, siendo una conversación muy agradable y conociendo lo mejor de la cultura turca.

Después, me llevó hasta su casa, donde pude descansar plácidamente, como no lo pude hacer en la noche anterior.