Crónica del viaje · Argentina

Final oscuro

DÍA 610
El autor narra su viaje en bicicleta desde Resistencia a Corrientes, donde enfrenta un accidente con un perro y busca refugio en una capilla tras una larga jornada de pedaleo bajo la lluvia.
111 kmDistancia
7 h 23 minPedaleando
16 km/hMedia
Nublado con lloviznas más fuertes a la nocheEl tiempo

Final oscuro

El autor narra su viaje en bicicleta desde Resistencia a Corrientes, donde enfrenta un accidente con un perro y busca refugio en una capilla tras una larga jornada de pedaleo bajo la lluvia.

No dormí mucho en la estación; pero, aun así, pude descansar un poco. Una vez en pie me acerqué a Información de Turismo en la que una chica muy simpática y atenta me explicó todo lo que había en Resistencia y Corrientes. También me estuvo hablando de algunos problemas que había habido un año antes con la política de allí ya que el alcalde gobernaba con mano muy dura, el pueblo estaba quemado y hubo muchas manifestaciones que terminaron con disturbios.

Ya todo había pasado y ahora estaba tranquilo. Con las recomendaciones de ella me fui hasta el centro y paseé con la bici por la calle en la que hay muchos monumentos artísticos y de allí ya salí por la carretera hacia Corrientes, que estaba a 20 kilómetros.

Una vez allí pasé por uno de los puentes más famosos que cruzan el río Paraná y lo fotografié con todo lujo de detalles. Luego paseé por la otra zona más famosa que hay al lado del río, viendo las playas y los parques que el gobierno había arreglado. A continuación salí a rodar.

Un trayecto normal si no hubiera sido por un detalle: el atropello de un perro que, locamente, quiso cruzar la carretera para morderme o seguirme, tal como hacen muchos y que terminó con atropello por un coche que le venía de cara y que se llevó por delante su trasero. Viendo cómo aullaba debió quedar muy mal y seguramente todo el trasero roto; aunque espero que no muriera.

Luego me quedé pensando cómo podía haber evitado ese accidente; pero no encontré respuestas.

Pasó la tarde y llegó la noche. Entre los dos paseos que me hice por la mañana me retrasé mucho y acabé haciendo los 100 kilómetros al anochecer. Una vez hechos empezó a llover fuerte. Como no encontré ningún lugar seguro para acampar pregunté en una casa. Ellos me dijeron que había una capilla donde me dejarían estar a 6 kilómetros.

Como seguía sin encontrar nada volví a preguntar en una casa despensa y me dijeron que tenía que pedir las llaves al lado, a un hombre llamado Bernardo; pero en esa casa no había nadie con lo que llegué a la capilla y, viendo que estaba vacía, decidí acampar bajo un tejado justo al lado.

Una vez me establecí bien cómodo, cené polenta orgánica de la que me había regalado Natalia (rica y nutritiva) y con continuos dolores de rodilla me dormí junto a ladridos de perros que delataban una y otra vez mi posición en una noche bien oscura, tal y como fue el día.