Sigo en ruta pampera
No hay nada mejor para empezar el día que lluvia y una tienda mojada. Así, en un lugar en el que llueve 200 mm al año, ahora tenía que estar lloviendo.
Con positivismo y filosofía recogí las cosas y desayuné algo para empezar con un mínimo de energía, cogiendo los 22 kilómetros por hora, hasta que llegué a La Paz, zona que el arcén desaparecía y tenía que rodar encima de la carretera con los demás coches. Suerte que había dos carriles con el mismo sentido y, junto a mi chaleco reflectante, los pocos vehículos que había se aportaban sin mayor problema.
Después de La Paz y, justo cuando empezó a salir el sol, se levantó otro elemento que me tiene acostumbrado; pero que odio a muerte: el viento. Soplaba tanto que levantaba la arena del desierto. Pasé de una media a 14 o 15 km/h, una barbaridad que sólo hacía que frustrarme y desgastar más mi maltrecha rodilla. Luego, cuando paró un poco, me paré a comer unos sándwiches con el lomo que me había mandado mi madre y el cual terminé...
Seguí haciendo kilómetros y por fin pasé de provincia, despidiendo Mendoza y saludando San Luis. No sé qué hacían; pero unos guardias de seguridad, tipo frontera, paraban a todos para comprobar las cargas de los coches buscando frutas y verduras. A mí también me pararon pidiéndome el pasaporte y abriendo las bolsas, aunque no encontraron nada y sólo consiguieron hacerme perder el tiempo.
Seguí la ruta luchando contra el viento, algo menos que antes, pero sin gustarme un pelo hasta que hice mis 100 kilómetros rutinarios y empecé a buscar un lugar escondido para acampar y agua que no tenía.
Después de otros 17 kilómetros sin encontrar agua vi unos árboles que me parecían buenos para acampar. Encendí una pequeña hoguera y, como ya sabía, no tenía el agua suficiente para mí ni para cocinar, se encendieron las alarmas.
Me cociné un arroz con poca agua sobre las brasas y después de 20 minutos, como era normal, no tenían más agua y quedaron algo duros. Aun así, pude comer un poco maldiciendo mi error por no tener más agua. Una vez más he tenido que soportar la sed.