Salida con pena, entrada con gloria
En esta aventura es todo tan intenso que un solo día parece un mes y a la vez el tiempo no para. La sensación de que mi cuerpo se ha acostumbrado a la frenética actividad hace que ya no sienta tanto el esfuerzo y lo disfrute más cuando llego a un punto importante de mi recorrido.
Hoy, de nuevo, he cruzado una frontera. He puesto punto y final a 14 días en los que he terminado cansado de tanto correr, de fiesta y de dormir poco.
Por otro lado, las sabrosas y variadas comidas de Tailandia me han aportado mucho placer y energía, al igual que las playas y algunos templos de Bangkok. En mi despedida desde el Hostel de Backpackers de Hat Yai, con un energético desayuno, hasta la frontera con Malasia, he pasado por unas carreteras selváticas maravillosas, salidas directamente del cuento de la selva.
Bosques frondosos con multitud de flores distintas, plátanos por doquier, mangos, cocos y todo tipo de aves, incluyendo una enorme serpiente que se ha cruzado por la carretera.
También he visto, desde lejos, un rodeo tailandés, con toros y multitud de personas ilusionadas viendo el espectáculo. Por lo que he visto aquí no matan el toro, solo juegan con él y poco más.
Para rematar y dar por finalizada Tailandia, he comido en un restaurante en medio de la selva, buenísimo, por tan solo un euro, una sopa con noodles repleta y viendo al mismo tiempo Muay Thai, el boxeo tailandés.
Poco más tarde de las 3 he salido desde la villa fronteriza de Padang Besar, sellando el visado de Tailandia un día antes del plazo permitido. Todo perfecto y sin problemas burocráticos.
Y... De nuevo cruzaba la frontera a un nuevo país: Malasia. Un sello con visado gratis de 90 días que me vendrían bien para no ir con prisas y gastar lo menos posible.
Otra vez el reto de adaptarme rápido a una nueva cultura, una nueva moneda, el Ringgit, un nuevo idioma, nueva gente, nueva gastronomía y conocer los precios, tanto de la comida como del hospedaje, aunque hoy no lo necesitara demasiado.
Y digo que no lo necesitaba porque, en el hostal donde estuve la noche anterior, me recomendaron hacer una ruta, en la cual dormiría, de acampada, en un parque natural llamado: Secret Garden, que estaba a tan solo 25 kilómetros de la frontera.
La verdad es que los primeros kilómetros, en Malasia, me han gustado muchísimo. Las carreteras están mejor asfaltadas y se nota que la economía está en alza en este país.
También la gente me ha sorprendido gratamente y es que tan solo he tenido que preguntar a Din, un señor muy amable y con un inglés simple pero efectivo, para que me acompañara él, con su moto, y yo siguiéndole con mi bici, hasta el parque de Secret Garden en Kaki Bukit. Ya era un poco tarde, con lo que no pude ver el parque en su totalidad; pero la zona es realmente bonita.
Aparte, Din me enseñó la parte de acampada, perfecta para colocar en alto la tienda y dormir entre la selva sin miedo a las serpientes o la subida del agua a causa de las lluvias.
Me instalé en mi parcela gratuita y, habiendo colocado todo a mi gusto, me fui al río para inaugurar los baños en este país.
Cené una sopa de noodles, cocinada por mí en el hornillo y, con la barriga llena, pude relajarme en este precioso parque.
La noche clara, como pocas, dejaba que viera entre las ramas de los altos árboles las estrellas que el ecuador me ofrecía. Los sonidos de las aves selváticas como la cacatúa o los grillos, fusionados con el río, hicieron que me durmiera con una sonrisa en la boca y contento de poder vivir esa experiencia que tanto me llenaba.