Dormir calentito
Al primer rayo de sol que se colaba entre las nubes me desperté con el ánimo a tope para seguir recorriendo ese paraíso natural. Estaba frío, casi congelado y fue en ese momento que planteé el día para poder dormir caliente durante una noche y gracias a Jack pude hacerlo. Ahora os cuento la historia de este 20 de abril del 2015.
Ya había recogido la bicicleta y, justo antes de salir, la misma mujer que se sentía aterrada con mi presencia delante de su casa en el día de ayer me ofreció una taza de té con galletas. Un detallazo viniendo de su parte, lo cual me hizo sentir mejor.
Después de eso, ya sí, empecé a rodar... como siempre alegre y cantando viendo a las vacas, patos y todo tipo de animales. Me miraban extrañados como si estuviera confraternizando con el entorno. Un paisaje con montañas al lado del río, un pequeño puerto de montaña, las nubes recubriendo el espacio y, poco a poco, fotografía a fotografía, iba cumpliendo mi sueño en Nueva Zelanda.
Para comer decidí bajar hasta el mismísimo río donde vi una imagen, que espero podáis ver pronto y es que fue algo que nunca jamás olvidaré y sin más explicación, ahí lo dejo. Como os imaginaréis la comida me sentó fenomenal.
Seguí rodando sin más compañía que algún coche, el viento, los animales y los preciosos paisajes hasta mi llegada a Westport. Lugar donde los mineros se volvieron locos por el oro y otras piedras preciosas.
Pero yo no iba en búsqueda de ninguna piedra preciosa. Yo iba en búsqueda de un lugar cálido donde dormir una noche y no me refiero a un hostal u hotel, me refiero a una casa común donde empezar a conocer las costumbres de los neozelandeses.
Me puse a buscar entre las casas preguntando si me pudieran dar cobijo por una noche o un espacio pequeñín en el jardín. Al principio no hubo suerte y las tres primeras casas con las que me topé me decían que buscara un hotel o algo semejante. Sabiendo cómo funciona esto seguí probando hasta que Jack me dio la luz y el calor de su casa sin más esfuerzo que dando una sonrisa, ya que es mejor continuar con la sonrisa que perder el ánimo.
Jack es un señor mayor que tiene problemas en las rodillas y en la piel pero aún así me quiso enseñar la casa, donde ducharme, donde cocinar y después de plantar la tienda me ofreció el suelo de su casa que, seguro, era más confortable que el suelo del jardín.
Durante el tiempo que estuvimos juntos me ofreció una taza de té y estuvimos viendo las noticias en la televisión. También vi un deporte extrañísimo. Se jugaba como el baloncesto, pero cuando se tenía el balón no se podía mover ni botar y sólo se podía tirar al aro cuando se estaba dentro del área. Realmente curioso.
Luego me duché y me puse a cocinar mientras él me daba las buenas noches. Y así fue como conocí a Jack y como acabé durmiendo caliente durante una buena noche de un 20 de abril.