Tropiezos y alguna coz
La esencia de la monotonía en estado puro: otra vez recoger las cosas, otra vez a pedalear y otra vez kilómetros y más kilómetros que parecen no tener fin. Aunque hoy ha tenido un punto distinto al haber empezado por Childers, ya que eso me ha permitido comprar algo de comida en un supermercado y conectarme a internet.
Por lo demás he pedaleado subiendo mucho y cansándome un poco más de lo normal para recuperar el tiempo perdido en Childers. Coches y más coches han pasado saludándome como de costumbre; pero uno de ellos, siendo un completo ignorante, me ha tirado un vaso de plástico pitándome como signo de burla. La conclusión es que en todo país siempre hay algún burro, aparte de vacas.
Continué el viaje después de ese mal tropiezo levantando el dedo corazón y no dándole la menor importancia. Más adelante choqué en uno de los puentes en que el arcén se estrecha. Choqué contra la valla quitamiedos gracias a que un camión pasó rozando mi culo. Como en la anterior lección, la conclusión es que si hay un burro, seguro que algún otro anda cerca.
Bicicleta hasta en la noche, con las estrellas como techo, para llegar hasta otra área de descanso en la que he podido descansar debajo de un tejado con total armonía. Después, eso sí, de una gran cena como merecía la ocasión, ya que llevo nada más y nada menos que 10 días seguidos en la carretera.