Va de arañas
Eran las 4 de la mañana cuando sentí algo que paseaba sobre mi pierna. Me levanté y encendí la linterna. ¡Oh nooo! ¡¡¡Una gran araña!!! De repente me puse a sudar y no sabía muy bien qué hacer para sacar ese bicho, que tanto miedo me daba, de mi pierna y de la tienda. Poco después se me ocurrió poner una bolsa cerca y poco a poco ir subiéndola y metiéndola dentro. Muy despacio, una patita tras otra y zassss me picó... Noooooo, es bromaaa, conseguí meterla sin problemas controlando mi miedo y actuando como en ese momento y sin moverme demasiado pude. Acto seguido ya estaba sacudiendo la bolsa lejos de la tienda y despidiéndome de la aterradora araña para siempre.
De nuevo a mi tienda a continuar durmiendo, asfixiado de calor hasta pasado el amanecer, cuando recogí las cosas y me puse a rodar con dirección a Mackay.
Por el camino, de nuevo viento, subidas y bajadas de montes realmente bonitos y mucho esfuerzo hasta la hora de comer. Sandwich de atún y otro de chope fueron suficientes para quedarme lleno y continuar el trayecto.
400 kilómetros desde que salí de Townsville son suficientes para darme cuenta que la carretera de la costa de Australia es totalmente distinta a lo que viví en el recorrido de Darwin hasta allí. Las ciudades son más próximas unas de otras. Hay gasolineras cada 30 o 40 kilómetros. El paisaje más montañoso, con curvas y verde. No se puede comparar con el centro de Australia plano, seco, con largas rectas y el tráfico es mucho más abundante lo cual ya no puedo pararme en medio de la carretera para sacar una foto.
Ya no creo que necesite los 6 litros de agua aunque, por si acaso, los sigo arrastrando... Una vez llegado a Mackay pasé por un McDonald's y allí que me conecté a Internet para dar señales de vida tanto a mi familia como a mis seguidores. Después me paré en un supermercado Coles y proseguí la marcha con el sol rozando los maizales.
Se me hizo de noche y en la primera gasolinera que vi me paré para preguntar por un lugar donde dormir y, después de hablar y hablar, me ofrecieron la parte de atrás del mismo en el que unos cuantos camiones descansaban de sus trayectos.
Acampé, me comí una pizza que había comprado en el Coles para no tener que cocinar y me puse a dormir con el ruido de los motores de los camiones ya que los usaban para el aire acondicionado y con algún grillo y rana!