Empiezo a disfrutar Indonesia
Sin madrugar demasiado, pero siendo una hora razonable, me desperté...
Carl me subió hasta la base del volcán desde el cual se divisaban unas vistas espectaculares. Allí pudimos realizar un montón de fotos.
Desayunamos unos noddle con huevo y nos despedimos, con un reportaje fotográfico, de él y su familia. Uno de los chicos del restaurante me acompañó de vuelta hasta la bicicleta y de nuevo despidiéndome de otro chico: esta vez se trataba del bueno de Wawan que, con una bolsa de instant noddle, me abrazaba.
Mucha bicicleta y una pick up que me ayudó cuando llovía haciendo algo más de 10 kilómetros. También muchas subidas y bajadas con paisajes ya dignos de lo que me imaginaba de Indonesia, con montañas, volcanes, ríos, muchas sonrisas con misters y preciosas parcelas de plantaciones de arroz.
Para comer me paré en un Indomart para comprar algo barato como instant noddle, que me prepararon gratis en un restaurante de al lado sin ningún problema y con más sonrisas, ya habituales.
Cuando vi que se acercaba la noche pregunté en una caseta de vigilancia de un restaurante si sabía de algún lugar donde poder dormir. Después de mucha conversación, acabó diciendo que tenía una casa en la que podía dormir sin problemas.
Aún así, tenía que esperar hasta que cerrara la garita. Durante ese tiempo, algunos de los camareros fueron sentándose conmigo y presentándose, extrañados de mi presencia.
Poco rato después todo empezó a ser especial, hasta el punto de que la guitarra corrió entre los chicos como la pólvora tocando bellas canciones de Indonesia.
En el restaurante me ofrecieron unos noodles y me dieron té caliente antes de acompañarme hasta la casa del vigilante que, por cierto, era tan sumamente desastrosa que, entre todos, decidieron que dormiría mejor en la misma garita del vigilante, ya que tenían una cama en la misma que me podía servir sin problema.
Antes de dormir jugamos un poco a football y siguieron tocando la guitarra en modo cumbayá indonesio.