día -5: Monegros sin poco calor a Catalunya
Entrada a Catalunya y, como siempre en estos casos, un sentimiento reencontrado y felicidad por volver a un lugar querido y estar cada vez más cerca del final.
Como siempre, me dedicaré a hablar de mi día con detalles y con ganas de terminar esta crónica para estar más cerca del final.
Desayuno completo, preparación y despedida… muchas gracias por ayudarme, ha sido un placer, Pilar y Marta, y seguro que en un futuro no muy lejano nos volveremos a ver; eso ya no me parece nada difícil después de haber llegado a la misma península ibérica y estando tan cerca, lo cual no podía decir en otros casos.
A partir de ahí, salir de Zaragoza, pasando por el centro y viendo la famosa Basílica del Pilar, me alejé feliz de volver a surcar carreteras asfaltadas y sin grandes dificultades, ya que aquí la nacional 2 seguía existiendo hasta Fraga, a unos 90 kilómetros de Zaragoza.
Con el calor creciente y las llanuras fáciles con inclinación descendente, no tuve demasiadas dificultades y, si además contamos con el ánimo de Óscar, Elena y Gael, que pasaron con la furgoneta, ya diría que fue una de las mañanas más fáciles y tranquilas de mi paso por España en todo este tiempo.
Luego ya se complicó un poquito con una suave inclinación ascendente hasta que llegué a pocos kilómetros de Fraga.
A partir de ahí, a sufrir un poquito más y, sin pararme demasiado, continué hasta Catalunya!!!!!!! Ilusión por estar más cerca y por volver a hablar catalán, aunque en esas zonas el catalán difiere del mío por la pronunciación más fuerte de las vocales. La gente me tomaba como uno más e incluso alguno, al preguntarme de dónde venía en castellano, le contesté en mi catalán: - de donar la volta al món… Y él, al adelantarse para hablar con su compañero, le dijo: este barcelonino me está vacilando…
Ya en otras tierras, pero iguales que las anteriores, y con el atardecer asomando entre sus soles y horizontes, ya decidí pararme entre Sunyer y Alfés y, encontrando un prado muy bonito y escondido, tan seguro como creía que iba a ser, me instalé por última vez con mi casita de tela, esa que me ha ayudado y salvado de innumerables problemas y seguro que por lo menos de mil picaduras de mosquitos.
Esa última noche me decidí a comerme casi todo lo que tenía, ya que el día siguiente llegaba a Tarragona con mi hermana y Marc, así que metí toda la pasta en la cazuela y, con una pequeña hoguera, me puse a cocinar junto a una lata de fabada que llevaba por emergencia y algunas otras cosas. También, por última vez en esta vuelta al mundo, me puse a comer con mi bicicleta al lado, las estrellas que me habían acompañado todo este tiempo.