Crónica del viaje · Marruecos

Al río Marroquí

DÍA 1023
En Chefchaouen decidimos ir a Akshur, donde disfrutamos de un día de río, comida típica y un atardecer desde la mezquita. Una experiencia inolvidable antes de despedirnos.
Sol calor y agua fríaEl tiempo

Al río Marroquí

En Chefchaouen decidimos ir a Akshur, donde disfrutamos de un día de río, comida típica y un atardecer desde la mezquita. Una experiencia inolvidable antes de despedirnos.

Como el calor era insoportable en Chefchaouen y con las mismas expectativas del día anterior, sentarse a la sombra, tomando el típico desayuno, decidimos cambiar de planes y viajar a 20 kilómetros al norte hasta Akshur. En esta ciudad se decía que había un río muy bonito y que era un lugar ideal para pasear, bañarse y comer. O sea, para hacer de domingueros.

Buscando el transporte por la ciudad, al final y después de muchas vueltas, encontramos un señor que nos dejaba el billete a 20 dirhams. El único problema fue esperar más de lo normal con ese calor, imaginándonos un baño fresco en el río.

Tardamos una hora entre una cosa y la otra y a la llegada aún tuvimos que andar hasta el río. De ahí bajamos por senderos cubiertos de fango y alguna alcantarilla. Junto a Xavi nos dimos un chapuzón rápido.

Sin ser gran cosa, ese inicio de domingueros y con un hambre atroz, nos sentamos a comer unas sardinas enormes para Cris, mientras que mi primo y yo comimos kafta, carne picada con especias en forma de pinchos.

Después de la comida, en la que Xavi se envició a té marroquí, mientras yo y Cris comíamos unos helados de pistacho, también deliciosos. Paseamos alrededor del río hacia arriba y de verdad que el paseo valió la pena, ya que la belleza del lugar entre montañas iba creciendo exponencialmente.

Cuando llegamos a la mitad del río, vimos una zona bonita y tranquila donde quedarnos tomando otro baño y haciendo fotografías.

Luego volvimos al parking, encontramos un taxi en el que iba metiendo gente hasta no poder más e incluso superábamos los 7 ocupantes en un coche de 5.

Para la vuelta y con alguna discusión inocente por el cansancio, ya subimos para ver el atardecer desde la mezquita que había encima de Chefchaouen. Como siempre, bonito y artístico, ya lo finiquitamos para tomar una ducha y cenar en el restaurante Sofía, el mismo en el que nos encontramos dos días atrás.

Allí comimos cosas típicas y otras no tanto como: el gazpacho, croquetas, cuscús y unos rollitos marroquíes, todo acompañado con una buena agua con gas y un buen té para completar la última cena juntos en Chefchaouen.

Para después, mi primo me quería realizar una entrevista en el hotel para poder conectar el micro, donde me incluyó respuestas nuevas y bonitas sobre mi aventura.