Calor en carreteras marroquies
Una jornada intensa en lo que se refiere al calor y tengo que decir que ya hacía mucho tiempo que no tenía la sensación de asfixia y de no poder más; pero la tuve en un día que los 47 grados Celsius fueron rebasados de manera radical y fulminante para mi cuerpo.
Salí con calor pero sin problemas de Marrakesh bien temprano. Cuando me quise dar cuenta y sobre los 25 kilómetros ya estaba empapado de sudor y con la boca seca.
Pasé momentos difíciles y no podía más que exhalar con dificultad sintiendo como el aire caliente, proveniente del mismísimo infierno, me frenaba y me dejaba sintiéndome mal.
Comí un bocadillo en la sombra sin querer moverme de ahí con algo que aún me sobraba de los días anteriores junto al salami y queso que compré la noche anterior en Marrakech.
Por el camino algún pozo de agua me servía para mojarme la cabeza y meter el casco en su interior; pero nada podía hacer para evitar tal tortura ya que a la media hora volvía a estar seco y sintiendo como el sol me freía los sesos y mi piel.
Pasó el día y al atardecer el cielo empezó a nublarse con amenaza de tormenta. En una aldea pregunté si sabían algún lugar donde dormir, ni el idioma ni mis gestos me ayudaron a conseguir respuesta. Al rato y cuando ya no podía más, vi unos señores sentados, en forma de corro, delante de una tienda de comestibles y volví a intentarlo. Uno de ellos sabía italiano, con lo que no hubo la barrera del idioma como la anterior vez.
Los señores, muy majos, al escuchar mi historia a través de Mohamed, el señor que había vivido en Italia, me ofrecieron acampar delante de la misma tienda de Langkibir, así se llamaba el amable hombre, y además de eso me invitaron a tomar el cei (té) con ellos.
Aún mostrando más hospitalidad y mientras conversábamos a través de Mohamed, me invitaron a tomar pan con aceite de oliva. La tormenta al final llegó con cuatro gotas y viento; pero la hospitalidad que cada vez más mostraban fue genial e incluso me invitaron a cenar una ensalada marroquí, que a partir de ahora, será uno de mis platos favoritos. Un plato sencillo de tomate picado a cuadros pequeños y cebolla con cilantro y a la que se le podía añadir pepino, aparte del aceite de oliva y la sal.
Para terminar hubo un momento raro cuando me pidieron el pasaporte por seguridad ya que querían estar seguros de que no era peligroso y comunicarse con la policía dando mis datos, por si algo pasaba durante la noche, aunque me aseguraban que era un sitio muy tranquilo.
Ya terminados los papeles y todos contentos, nos fuimos a dormir y con unas “buenas noches”, tanto de Asma como de Joseph, los hijos menores de Langkawi y de los que me habían servido agua sin cesar, ya nos dormimos contentos, yo en mi tienda en la puerta y con la bici en el interior de la casa.