Crónica del viaje · China

El techo del mundo

DÍA 255
En la carretera más alta del mundo, atravesamos paisajes típicos de Nepal, vimos el Everest y disfrutamos de la gastronomía tibetana antes de descansar en un hotel de tres estrellas.
Sol y nubesEl tiempo

El techo del mundo

En la carretera más alta del mundo, atravesamos paisajes típicos de Nepal, vimos el Everest y disfrutamos de la gastronomía tibetana antes de descansar en un hotel de tres estrellas.

En la carretera más alta del mundo uno se siente con el oxígeno justo como para respirar y poco más. Cuando haces un esfuerzo mayor se paga con una necesidad de parar y descansar. Las montañas se vuelven áridas, las nubes se pueden tocar y el cielo es de un azul intensísimo.

En la etapa de hoy y, después de desayunar un fino pergamino de tortilla, hemos atravesado las vistas típicas de Nepal en el puerto de Lalunga (5050 m), desde donde pudimos observar la montaña Mt. CHO OYU (8201 m) y Mt. XISHAPAGMA (8012 m).

En ese puerto también pudimos ver a Yaki, el primer yak tibetano real que he visto en esta aventura. Además, estaba vestido para la ocasión.

Luego llegamos hasta Tingri, lugar desde donde se partía para llegar al campo base del Everest, el cual se podía divisar a lo lejos. El único problema fue que no pudimos verlo con todo su esplendor por la culpa de las nubes que lo tapaban la mayoría del tiempo. Aunque aún así fue un subidón poder ver por primera vez en mi vida la montaña más alta del mundo con 8848 metros de altura.

Comimos momos tibetanos de yak, algo diferentes de los de Nepal y muy sabrosos. Continuamos el trayecto pasando por el puerto más alto del viaje, GYATCHU LA (5220 m). Aunque ya llevaba algo de adaptación a la altitud, aún así se notaba en todo el cuerpo, sobre todo con un pelín de migraña en mi cabeza.

Después de hora y media con continuas paradas de check points de controles, como todo el día, hemos llegado hasta Xigatse sobre las siete de la tarde. Dado que desde que estaba en el Tíbet se había adelantado el reloj 2 horas y 15 minutos, el sol se ponía más tarde, sobre las 21:30, y como había tiempo para andar, recorrimos la ciudad un rato hasta que encontramos un restaurante barato (20 yuanes, 2,50 €) en el que comimos muy bien para recuperar fuerzas.

Volvimos al lujoso hotel de tres estrellas que la compañía nos había dado y descansamos larga y plácidamente.