Crónica del viaje · Portugal

Lisboa

DÍA 1032
Un viaje en bicicleta desde Setúbal a Lisboa, con paradas para comer y hacer turismo, culmina en una noche de acampada tras disfrutar de espaguetis con crema de champiñones.
88 kmDistancia
6 h 29 minPedaleando
12 km/hMedia
Sol y si, agosto...El tiempo

Lisboa

Un viaje en bicicleta desde Setúbal a Lisboa, con paradas para comer y hacer turismo, culmina en una noche de acampada tras disfrutar de espaguetis con crema de champiñones.

A las siete en punto mi cuerpo, como un reloj, me despertó. Me fui al baño a asearme y empecé a preparar las cosas para salir con la llegada de Fernando, que venía de trabajar en el horario nocturno, muy cansado.

Me dio de comer un poco de jamón y queso en pan y de beber un poco de leche, y ya con todo preparado, de vuelta al ascensor; pero esta vez para bajar. Luego, con todo preparado, nos despedimos hasta la próxima y con varias indicaciones empecé a batallar con los coches de la ciudad de Setúbal hasta que ya hube salido.

Con ese fresco de la mañana, empecé a pedalear subiendo por la montaña que había entre Saltillo, y todo para llegar, pasando por caminos varios de arena y petróleo, hasta donde cogería el ferry en Seixal, que me llevaría directo al núcleo de Lisboa, cruzando el río y siendo la única forma de cruzarlo sin el peligro y la prohibición de la autopista que cruza ese río por un puente largo, como en Estados Unidos.

Una vez llegué a Lisboa, hice un poco de turismo con la bici, sacando fotografías, mientras hacía malabarismos con mi bici entre las piernas y mi cámara en las manos. Paseé por unas plazas enormes hasta llegar a una gigantesca, con un caballero en el centro, que miraba al mar, y la otra paseando entre calles y más calles, viendo como el turismo se lo comía todo, incluyéndome a mí.

Con el agobio típico de la ciudad y el calor que hacía, y habiendo visto una buena parte del casco antiguo, me puse a pedalear hacia la zona moderna, situada al norte de la ciudad, justo a donde me dirigía para salir de Lisboa. Esa zona moderna era el resultado de la expo que se hizo años atrás y comprendía una área muy extensa de la ciudad, con el oceanográfico, al estilo Valencia, y parques con edificios construidos con la arquitectura de Calatrava. Ya continué el viaje, despidiéndome, medio agobiado y sin ganas de quedarme. Empecé a pedalear, parándome a comer un bocadillo de jamón con tomate espectacular y, después, buscando un lugar donde dormir, ya salí 30 kilómetros, pasando por Vilafranca de Xira y Carregado.

De ahí empecé a buscar un lugar donde acampar. Al final vi un camino en subida y ahí una explanada grande llena de matorrales en las que podía estar escondido. Sin pensármelo, instalé mi silla de tela y encendí una pequeña hoguera para cocinar unos espaguetis con crema de champiñones, muy, muy ricos.

Me metí, con fresco de la noche, en la tienda y con un poco de estribaciones en el suelo de forma irregular, empecé a escribir y acabé durmiendo...