Crónica del viaje · Portugal

Portugal

DÍA 1028
Un día de pedaleo desde Huelva a Faro, donde tras un desayuno inesperado y un intento fallido de acampar, encontró refugio en una fábrica abandonada.
121 kmDistancia
8 h 40 minPedaleando
14 km/hMedia
Sol y calorEl tiempo

Portugal

Un día de pedaleo desde Huelva a Faro, donde tras un desayuno inesperado y un intento fallido de acampar, encontró refugio en una fábrica abandonada.

Sol y mucho fresco en la mañana, tanto que me hizo ponerme un jersey durante una hora. Con ese fresco empecé a pedalear y llegué a los pocos kilómetros a Huelva, ciudad pequeña y no muy agraciada estéticamente que la crucé entera. Antes de dejarla atrás en el olvido, en una cafetería pregunté para rellenar las botellas, que las tenía completamente vacías y una señora que me saludó en la terraza exterior me quiso invitar a un desayuno. Sin poder rechazárselo, me senté con ella hasta que se fue y seguí comiendo esa exquisitez que hacía tiempo no comía y representaba uno de mis favoritos: un pan con tomate y jamón serrano que me lo comí bien a gusto y disfrutando plenamente, ¡con qué poco se puede ser feliz!

Enseguida me puse a pedalear pasando de nuevo zonas sin asfaltar en las que me divertí de lo lindo, sin coches de por medio y con gente que me iba indicando el camino.

De vuelta a la nacional pasé por Lepe, ese pueblo con cincuenta mil chistes de lo zoquetes que son y no lo entiendo porque la mayoría de gente que conocí eran la mar de normales, pero aun así allí ya pueden decir que un chico dando la vuelta al mundo pasó con su bicicleta, aunque vete tú a saber qué se inventan...

Continué pedaleando kilómetros finales españoles hasta el pueblo que tenía que coger un ferry para cruzar el río y plantearme por primera vez en el sur de Portugal. La verdad es que para pasar hasta el otro lado también se puede pasar en puente; pero la gente me recomendaba con la bici coger el ferry por la peligrosidad ya que el puente no estaba adaptado.

Con eso ya realizado y otro sueño más, continué circulando en Portugal, país número 49 de la vuelta al mundo y país parecido a España, salvo por historia y lengua.

En tema carreteras era prácticamente lo mismo, con la diferencia de algunas carreteras peores pero que en la mayoría de que no había problemas para las bicicletas, tan solo en las autovías y autopistas, que no eran demasiadas y todas tenían otras opciones donde pedalear más tranquilo.

Con un calor de mediodía ya crucé Tavares y seguí por la costa hasta Faro. Ahí me encontré una estación de bomberos y viendo que se acercaba el momento de dormir les pregunté si podía pasar la noche allí, acampando o como fuera. Su respuesta después de preguntar a varias personas fue no; pero me dieron un par de alternativas: una asociación que ayudaba a la gente, no fue ese mi caso ya que estaban cerrando y no tenían servicio de hospitalidad como dijeron algún miembro de ellos y la Cruz Vermella, o sea roja, los cuales me mandaron a la playa, textualmente y de forma un poco grosera. Con esa recomendación y sin poder tener otra alternativa en una ciudad costera turística ya me fui hasta allí aunque estaba lleno de gente. Rodando me di toda la vuelta por esa zona, que de playas tenía poco, por ser más aiguamolls, pero al final vi una casa, o fábrica, abandonada con el paso prohibido en el que parecía un buen sitio para esconderme y hasta allí corrí para que nadie me viera.

Con el objetivo cumplido, no encendí una hoguera porque justo delante, a lo lejos, estaba el aeropuerto y me hubieran visto fácilmente e incluso entorpecer la visibilidad para ellos. Así que para comer abrí la lata de albóndigas que tenía para casos de emergencia y me puse a comer dentro de la tienda a salvo de los mosquitos y a salvo del mundo exterior que parecía calmado, a pesar de algún avión que aterrizaba o despegaba.