De nuevo playa
Un desayuno increíble fusionando la cultura culinaria de El Salvador de Trinidad y lo americano de Dwayne, hicieron las delicias de la mañana para dar un extra de energía a las piernas y empezar a pedalear, deseando lo mejor para esas buenas personas que nos habían acogido tan amablemente en su casa.
Muchos kilómetros llanos, sin demasiadas novedades y con las tres paradas obligatorias, de unos 25 kilómetros, un aperitivo, a los 50 el almuerzo en un comedor en el que Charles, Denise y yo disfrutamos de un pollo encebollado muy rico junto a un jugo que ya me he olvidado, también rico, rico y los 75 kilómetros con otro aperitivo extra.
Todo eso para llegar sin problemas hasta la ciudad de La Libertad, donde tuvimos que espabilar para encontrar un lugar donde dormir. Charles y Denise encontraron, tras mucha búsqueda, un hostal que les ofrecía una buena relación de calidad y precio, mientras yo me busqué la vida para encontrar la alcaldía, ya allí me dejaron montar mi tienda y dejar la bicicleta. Aunque parecía seguro, por el señor de seguridad que regentaba la zona, no me dejaba de preocupar que el lugar estaba abierto a cualquiera y que me pudieran robar; pero dejando encadenada la bici y con un voto de fe la dejé ahí para volver al hostal de mis compañeros de viaje con los que íbamos a preparar una pasta con tomate para recuperar la energía perdida en los 100 kilómetros de viaje hasta ahí.
Con mucha felicidad acumulada por la compañía de los recién conocidos compañeros de viaje, con los que había una buena armonía, hablamos hasta tarde, momento en el que regresé a la alcaldía y monté mi tienda y me puse a dormir feliz y contento.