Crónica del viaje · Costa Rica

Día libre con taller y conexión

DÍA 783
Un día libre en el que crucé un río en kayak, arreglé mi bicicleta en Samara, disfruté de la playa y fotografié un hermoso atardecer antes de descansar para mi turno de vigilancia.
Sol sin cambios (temporada seca)El tiempo

Día libre con taller y conexión

Un día libre en el que crucé un río en kayak, arreglé mi bicicleta en Samara, disfruté de la playa y fotografié un hermoso atardecer antes de descansar para mi turno de vigilancia.

Eran las 6 de la mañana y me sentía muy cansado después de mi turno de vigilancia de 12 a 3 de la mañana, habiendo descansado de manera interrumpida; pero, aun así, me sentía feliz porque empezaba uno de esos días que nos dan libres y con él podía ir al pueblo a rematar algunos temas que tenía pendientes.

Para cruzar el río, que se encontraba en plena marea alta y con mucha corriente, tuve que coger el kayak y surcarlo, con respeto por los cocodrilos que dicen que hay. También debía pasar hasta el otro lado uno a uno a todos los voluntarios, haciendo así un ejercicio mañanero perfecto para el tronco superior. Ya con mi bici al otro lado del río, recorrí la siguiente parte de la ruta hasta el poblado de Samara. Durante mi travesía en el río no fui devorado por ninguno de esos animalitos verdes y alargados que antes comenté.

Busqué la tienda de bicicletas. En un pueblo tan pequeño, tan solo necesité un par de minutos hasta que di con la mejor, por no decir la única tienda que había a 10 kilómetros a la redonda. Una vez allí, me arreglé por mi cuenta el radio partido con la herramienta adecuada. Luego, Gerardo, el propietario del negocio, me ayudó bastante ajustando el cambio de los platos, los frenos traseros y me regaló un tornillo para la luz delantera que hacía casi un año había roto y por fin ahora encontraba, aquí en Samara, el perfecto recambio que necesitaba.

Con la bicicleta lista, Gerardo no quiso aceptar mi dinero por la ayuda prestada e interesado por mi viaje, me gané un amigo con el que compartir mis aventuras por internet. Ya contento por el caminar de mi día, rodé por la playa de Samara sacando fotografías hasta que el wifi me detuvo y me quedé el siguiente espacio de tiempo con unas maravillosas vistas al mar, conectado, subiendo contenido a internet y hablando con mis familiares y amigos.

Mucho rato después seguí dando otra vuelta hasta que pasé por el supermercado para comprar algo de comer y volver al campamento cruzando a pie el río. La marea había bajado como nunca antes lo había visto. Al llegar al campamento comí el almuerzo y me tomé una cerveza con mi amigo del campamento que me había regalado un portabotellas para la bici.

Para dejar por finiquitado este día libre tan fructífero y siguiendo mi ritual de ver y fotografiar atardeceres, me quedé en la playa, junto a la orilla, disfrutando con los colores vivos que formaba el sol al tocar con el horizonte de agua, hasta que el hambre me pudo y volví para comer, fregar platos, que junto a Luz me tocaba, y para dormir, sobre las 7 de la tarde, aprovechando el tiempo para descansar, ya que el día siguiente debía despertarme a las 3 de la mañana para mi turno de vigilancia del vivero.