Crónica del viaje · Panamá

Día de la Independencia Panameña

DÍA 760
En Panamá, celebré el día de la Independencia con pancakes, ceviche y un paseo por el casco antiguo. Reencontré a una amiga en un bar auténtico, disfrutando de la música y la compañía.
Sol, nubes y lluvia. Como ayerEl tiempo

Día de la Independencia Panameña

En Panamá, celebré el día de la Independencia con pancakes, ceviche y un paseo por el casco antiguo. Reencontré a una amiga en un bar auténtico, disfrutando de la música y la compañía.

Sol, nubes y lluvia. Como ayer.

Curiosamente, a unas pocas horas de llegar a Panamá, se festejaba el día de la Independencia con España. En todo el país ondeaban las banderas y había algún desfile en las principales ciudades del país. Aquí, en el casco antiguo, no era menos y todas las calles lucían el azul, blanco y rojo de la bandera.

Para celebrarlo, yo empecé el día con unos pancakes como desayuno gratuito que el hostal tenía la cortesía de servir a todos sus clientes. A partir de ahí, mi día empezó subiendo fotos a las redes sociales y luego recorriendo el paseo que había alrededor del casco antiguo, aprovechando que salía el sol. En el mismo paseo, Víctor y yo aprovechamos para comprar alimentos con la intención de cocinar el almuerzo. Pasamos por el mercado de mariscos y pescados, donde me comí un tentempié en forma de vaso de un fabuloso ceviche de pescado bien fresco, para mí inolvidable. Luego compramos todo lo necesario para cocinar un chop suey, pasando por otros mercados y por el barrio chino de Panamá, un lugar muy curioso que fusiona el colorido de las casas panameñas con la arquitectura china.

Volvimos al hostal y cocinamos ese manjar, liderados por el chef Víctor. Una gozada que para mí sólo fue superada por el ceviche. Es que estaba bien rico.

Por la tarde, al ver que ya no podía ir al canal de Panamá como era mi intención, me di un largo paseo por todo el casco antiguo y rodeando lo por una circunvalación que hay en el mismo océano Pacífico, hasta que se me hizo de noche, viendo de cerca los contrastes que tiene esta ciudad entre lo antiguo y lo nuevo que a la vez se integraban a la perfección como un puzle.

Al terminar el paseo, analicé mis primeras sensaciones y debo reconocer que esta ciudad me resultaba algo vacía de gente. En los momentos que más gente vi fueron en los suburbios que había alrededor del casco antiguo, donde la gente vivía de una manera austera y muy humilde, en casas de colores, pegadas unas a otras, con una pintura carcomida por el tiempo y con una simpleza que me resultaba atractiva a la vez que fascinante. He de añadir que también pasé un poco de miedo cuando en los suburbios me miraban seriamente mientras sacaba fotografías; pero, aun así, no pasó nada y seguí a la mía, capturando todo aquello que me llamaba la atención.

Para antes de acostarme, me encontré con una vieja conocida de Río de Janeiro, Loli, amiga íntima de Andrés y la cual estaba pasando por toda Centroamérica, junto a una amiga, con la dirección opuesta a la mía. En nuestra pequeña aventura por Panamá, llegamos a un bar auténtico guiados por un señor que, evidentemente, quería plata. Aun así, el local era auténtico panameño, con gente autóctona bebiendo una cerveza Balboa de 750 cl. La música altísima y con gente pasándoselo... tranquilamente o incluso degradados y borrachos que parecían sacados de un drama.

La verdad que estuvo muy bueno reencontrarnos unos meses después. Con eso y una cerveza más, sentados delante de las luces del malecón de la línea de rascacielos financiera, nos reímos y despedimos en un día bien completo panameño.