Llegada a Rio de Janeiro con aplausos
Nunca me hubiera imaginado antes que, en el patio de una posada brasileña, podría dormir tan y tan bien; pero es que el cansancio ya hacía mella con tanto desgaste físico de las subidas y bajadas que por suerte quedarían atrás para llegar hasta las playas circundantes a Río de Janeiro.
Me levanté con la primera luz del día para recoger todo, tomar el desayuno que la patrona del lugar me ofreció muy amablemente y tomarnos unas fotos que quedarán para el recuerdo.
Salí con la bici recorriendo kilómetros hasta la primera ciudad donde me tenía que ir acercando a las playas. En uno de mis parones me fijé que un radio de la rueda de atrás había fallecido así que, en la primera tienda de bicis, paré para intentar arreglarlo y de paso comprar algún radio más que necesitaría para continuar mi camino.
En la tienda, un señor muy serio, se miró el problema, me pidió que sacara todas las bolsas y empezó a desmontar la rueda con la mala suerte que rompió otro radio. Vimos que muchos de ellos, con el tiempo, se habían arrancado y otros estaban oxidados, con lo que me ofreció renovar por completo los radios de la bici para asegurarnos que quedaba perfecta. Mientras realizaba el cambio hablamos un poquinho sobre mi proyecto, entre otras cosas. Quedaron tan impresionados que me pidieron el nombre de la página web. Al final de todo me pidieron un precio baratísimo e, incluso, me regalaron galletas y un par de banderas para continuar el viaje en Brasil con un recuerdo de mi paso por la tienda.
Ya con la rueda casi nueva y nuevos amigos me dirigí hasta la playa pasando por un túnel, de esos que dan miedo y se me ponían los pelos de punta cada vez que escuchaba un camión o un autocar acercándose.
Finalmente las hermosas playas de Río estaban frente a mí y una perfecta ciclovía para pasearla tranquilamente. Tan tranquilamente que fui conociendo buena gente por el camino. Quedaban impresionados cuando contaba mi historia... primero un par de buenos hombres que tomaban el sol en un chiringuito, después un salvavidas que me ofreció un té mientras hablábamos de rescates y compartíamos métodos de trabajo. Otro bañista que tenía ganas de saber de mí y compartimos momentos junto a mi almuerzo frente al mar y, finalmente, un par de chicos frente a la playa de Ipanema que se interesaron sobre mi viaje.
Casi 50 kilómetros recorridos de una belleza extraordinaria, pasando por otros dos túneles que separaban unas favelas y quedándome aún lo mejor... ya que... a las seis y cuarto habíamos quedado Andrés y yo delante de un restaurante entre Ipanema y Copacabana. Pasadas las seis y veinte, justo delante del bar, vinieron fuertes y animados aplausos a mi persona!!!! Era Andrés, junto al taxista que lo había traído desde el aeropuerto, ya que había tenido que trabajar haciendo un viaje relámpago a otra ciudad brasilera y los dos me aplaudían como si fuera un héroe.
Gran momento vivido. Justo después un abrazo muy fuerte recordando los kilómetros y kilómetros recorridos hasta la llegada de este momento. Haciendo más de un año y ocho meses que quedamos que pasaría a verlo si él continuaba aquí, en Brasil.
Dejamos la bici en su casa. Después de una ducha relajante salimos al encuentro de Jonathan, un amigo argentino de una amiga que ellos tenían en común, con el que íbamos a ver en un bar el partido de la Copa América entre su Argentina, de Messi, contra Paraguay.
Salimos justito y nos encontramos en la playa de Copacabana para ir hasta un bar de fútbol que conocía Andrés.
Cenamos bien viendo y vibrando con el partido, sobre todo Jonathan, viendo como Argentina pasaba a la final.
Tomé mi primera caipirinha viendo el mar en un chiringuito y de ahí a dormir, hecho polvo; pero contento por estar con un buen amigo como Andrés que, desde nuestro pueblo, la Redonda, 4 años antes, no habíamos vuelto a coincidir.