Despedida y vuelta al pedaleo
Llegó el momento de la despedida, otra vez... Después de recoger las cosas y rebuscar, junto a Steve, una correa de la bici que había perdido, finalmente encontrada, desayuné un plato de huevos fritos que me habían ofrecido y con cariño. Con mucha pena les dije adiós, montando de nuevo a mi queridísima bicicleta.
Mi dirección era hacia el este para coger un ferry (recomendado por Steve) y de ahí bordeé la costa a través de carreteras estrechas en las que no había ni un solo coche. Era el regalo que me tenía preparado Steve. La vida real de Vietnam estaba entre esos pasillos estrechos en los que la calle predominaba en su estilo de vida. En ningún momento vi pobreza, tan solo simplicidad y felicidad por tener una casa en un medio tan verde y con tantos recursos.
En este lugar no faltaban los plátanos, los cocos y arroz; el cual se plantaba en cualquier lugar posible. Fue precioso compartir ese momento con niños que, curiosos, querían acompañarme en mi camino.
Para comer me paré en un restaurante que, por un euro, me comí un vol de noddle y un refresco para combatir el calor.
Por la tarde unas gotas de lluvia se cruzaron en mi camino; pero nada preocupante para que me hiciera detener.
A mi llegada a Qung Ngai pregunté por un hostal barato. No había nadie que me dijera un buen sitio hasta que un portero de un hotel pijo me señaló el camino a seguir. La guest house costaba 5 dólares, lo más barato posible en Vietnam. Me señalaron un restaurante barato y, después de una merecida ducha, ahí fui.
Comí arroz con carne y pescado. Todo rico y muy bueno para después del ejercicio. En el mismo restaurante conocí a un chico que me invitó a una cerveza y, emocionado, me sacó mil fotos. Después fue rápidamente y las colgó en el Facebook. Luego me dio una vuelta por la ciudad con la bici y él arrastrándome con la moto.
De vuelta al hostel me pasó algo curioso y es que, a unos metros al lado de mi hostel había otro igual y me confundí... Cuando me pidieron el pasaporte les dije que ya lo tenían ellos y el hombre buscándolo y nada, que no lo encontraba. Yo estaba algo nervioso; pero, cuando enseñé la llave del cuarto, con cara de asombro, me dijo que estaba al lado y que era exactamente igual. Vaya cosas que me pasan....