Crónica del viaje · Croacia

Sol para un día radiante

DÍA 49
En Dubrovnik, visité Old Town y disfruté de sus murallas. Regateé en la muralla, nadé en aguas cristalinas y vi una hermosa puesta de sol, antes de cenar un delicioso plato bosnio.
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Sol para un día radiante

En Dubrovnik, visité Old Town y disfruté de sus murallas. Regateé en la muralla, nadé en aguas cristalinas y vi una hermosa puesta de sol, antes de cenar un delicioso plato bosnio.

No dejo de sorprenderme con algunos lugares de este mundo y es que nunca me hubiera imaginado que Dubrovnik guardara tan magníficas murallas y que Old Town (casco antiguo) fuera tan bonito y con tantos rincones donde pasear.

Para empezar el día con buen pie, Nicolás, Javi y yo nos hemos levantado a las 7 y media de la mañana y con nuestras bicicletas nos hemos puesto rumbo a Fort Imperial. Un fuerte que está en la parte más alta de la montaña que hay encima de la ciudad. Si veis las fotos, estaréis de acuerdo conmigo en que son unas vistas impresionantes a todo Old Town. Este fuerte también es accesible con teleférico. Nosotros hemos preferido ir con nuestras queridas bicicletas. Después de visitar esta fortaleza, Nicolás y Javi volvieron a retomar la carretera para ponerse con dirección a Montenegro.

Otra despedida más en esta vuelta al mundo. Yo he querido visitar Old Town a fondo y realizar otro de mis sueños: regatear con el balón en la muralla de Dubrovnik. Aunque me ha costado una burrada de 100 kunas, ha valido la pena. Ha sido muy divertido. Al mismo tiempo, aproveché para conocer a las personas de allí. Desde este lugar se divisan unas vistas inmejorables del mar y de Old Town.

A continuación y sin parar a descansar ni un segundo, he querido realizar otra de mis actividades raras cuando viajo y es bañar, mínimo, una vez en cada país. Aunque me hubiera encantado meterme en las aguas de Plitvice, este también era un buen lugar para ello y en un lugar un poco escondido detrás de las murallas, me he dado un buen chapuzón. ¡Qué gusto y qué fresquita estaba el agua! Pero nadar en las cristalinas aguas de Croacia era algo que tenía que hacer en algún momento.

Habiéndome relajado y tomado un poco el sol, he conocido a un chico de Dubrovnik que, al igual que a mí, le gustaba bañarse en las aguas de su ciudad en cualquier época. Ya seco, me he puesto otra vez las pilas y he subido hasta otra montaña más pequeña, desde donde se podía ver un poco el frente de Old Town. Ya para rizar el rizo, he subido hasta una colina para ver la puesta de sol, con el famoso Old Town de frente. Un momento mágico y muy emotivo por lo lleno de experiencias que ha sido todo el día.

Por la noche, para rematar del todo el día y para recuperar fuerzas para seguir con la ruta el día siguiente, he ido a cenar a un restaurante bosnio, donde me han preparado su especialidad. Era un plato de hojaldre con carne y con guarnición de champiñones amenizado con una salsa muy rica.